18.3.- La
Vanguardia desarmada.
Fin de la
historia. El que se mueva no sale en la foto. |

18.3.1
Tras el
desafortunado accidente de tráfico que terminó con la vida de Juan Muñoz
Zapico, Juanín, sus paisanos, más de 20.000 según la prensa se reunieron
para darle el último adiós en enero de 1977. En el centro a la derecha,
mirando al fotógrafo y con gafas, Tini Areces, futuro presidente de la
autonomía asturiana. |

18.3.2
En una
reunión, homenaje o similar al principio de la democracia, coincidieron,
Camacho, el cura Llanos, Barranco y Macario, líder de las Comisiones
Obreras de la Construcción de Madrid y vallecano de Pro. El fotógrafo
les capturó para la historia. Ya no se dan estos tipos. |
1) Notas extractadas
de "La
sombra de Franco en la Transición de Alfredo Grimaldos"
Palizas y muerte en
Carabanchel.
14 de marzo de 1978
El 14 de marzo de 1978
fallece en la prisión de Carabanchel el recluso anarquista Agustín
Rueda, tras haber sido torturado por varios funcionarios, que le
interrogan en relación con un túnel que acababa de ser descubierto en
las dependencias de la cárcel. Los médicos del centro penitenciario,
José María Barigow y José Luis Casas García, eluden prestar asistencia
médica al preso. Para averiguar quiénes son los responsables de la
excavación se producen torturas y palizas en la que quince funcionarios
se turnan para golpear a los presos sospechosos, con puños, pies, porras
y objetos metálicos. Los reclusos salen de estas sesiones de tortura con
desigual suerte. Algunos con lesiones serias en cabeza, tórax y
extremidades, de las que tardan en curar hasta treinta días. Tras los
interrogatorios son llevados a rastras hasta sus celdas, donde
permanecen sin asistencia médica. Con Agustín Rueda se ceban y el joven
no puede resistir el castigo. El informe de la autopsia pone de
manifiesto cómo “las lesiones fueron producidas por un grupo de
agresores” que emplean “objeto contundente alargado, de tipo blando,
como puede ser la porra o el vergajo, y objeto duro, de menor tamaño”.
“Se puede afirmar –dice el informe- que no es posible, salvo especial
destreza, ocasionar tantas lesiones externas respetando la estructuras
óseas subyacentes”. Diez años después de la muerte del recluso
anarquista, la Audiencia Provincial de Madrid considera que el
apaleamiento de Agustín Rueda es “un delito de imprudencia temeraria con
resultado de muerte”. Se condena a 10 años de cárcel a Eduardo Cantos,
director de Carabanchel cuando se producen los hechos, al subdirector
Antonio Rubio y a cinco funcionarios más. Otros tres encausados son
condenados a ocho, siete y seis años, respectivamente. Y a dos años de
cárcel los médicos José Luis Casas y José María Barigow, que ocultan el
grave estado de Agustín Rueda tras la paliza. De todos ellos ninguno
llega a permanecer ni ocho meses en prisión.
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18.3.3
Los trabajadores de
la Construcción de Asturias, protagonizaron una dura huelga a principios
de 1977, masivamente seguida por los trabajadores del ramo. Esta huelga
tuvo un significado especial y junto a la protagonizada por los
trabajadores de Forjas Alavesas en febrero de 1976 en Vitoria, dejó en
evidencia que Comisiones y UGT no eran lo mayoritarios que pretendían
ser, y que había grandes corrientes de otras ideas sindicales en el seno
de la clase trabajadora. Con los pactos de Carrillo con Suárez y con
los futuros pactos de la Moncloa a finales de año, la estrategia del
gobierno Suárez tenía orillas comunes con las de los sindicatos
mayoritarios, CC.OO. y UGT, que querían monopolizar el movimiento
sindical. El momento era de gran conflictividad laboral y los
trabajadores en su conjunto entendían que era el momento de arrancar a
las patronales todos los derechos que el franquismo les había arrebatado
durante décadas y construir el estado del bienestar del que tanto
hablamos ahora que lo perdemos, pero que entonces se llamaban
simplemente derechos laborales. El caso es que Comisiones y la propia
UGT, también querían eso, pero controlado por cada uno de ellos y dentro
de un orden, tal como sus cabeceras políticas, PCE y PSOE querían. Tras
la de Vitoria, el movimiento asambleario, capitaneado por los sindicatos
más a la izquierda, estaba en su mejor momento. La huelga de la
Construcción de Asturias fue abanderada por la CNT y otros movimientos
de los trabajadores que veían como la rivalidad entre Comisiones y UGT
en Asturias les llevaba a perder la negociación del convenio sectorial.
La huelga duró 100 días afectó a miles de familias asturianas y fue un
éxito que significo de pasar de un jornal mínimo de 400 pesetas a uno de
732 y otras reivindicaciones también ganadas. La huelga fue un éxito de
la CNT y de sus dirigentes regionales. En el calzado en Levante pudo
pasar lo mismo, pero Comisiones que era mayoritario consiguió encauzar
el sector moderando las acciones. Y esto estaba empezando a pasar en
toda España. Los pactos políticos que estaban conduciendo la transición
también atraparon a los sindicatos mayoritarios, y es aquí donde nace la
inveterada desconfianza de los trabajadores a la burocracia sindical de
la democracia. Esperaban acciones ejemplares, convenios justos de una
vez por todas, pero no fue así. La ejemplar Transición reprimió las
ansias de justicia social de los trabajadores, aunque, bien es cierto
que la situación mejoró sustancialmente.
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2) Notas extractadas de
"La sombra de Franco en la Transición de Alfredo Grimaldos"
Muerte en Vigo. 21
de abril 1978
El 21 de abril. Elvira
Parcelo Rodríguez, de 22 años, fallece en la Unidad de Cuidados
Intensivos de la Residencia Almirante Vierna, de Vigo, a consecuencia
del derrame cerebral provocado por los terribles golpes que recibe de la
policía durante una carga efectuada para disolver una manifestación de
los trabajadores de la empresa Ascó (Astilleros y Construcciones).
Muerte en Soria. 5
de mayo 1978
José Luis
Escribano, militante de Comisiones Obreras es asesinado en Soria, de
cuatro disparos, por el policía Antonio López, en el transcurso de una
discusión.
Muerte en el Pais
Vasco. 2 de julio 1978
Julio, 2. El refugiado
vaso Juan José Etxabe y su esposa, Agurtzane Arregui, son ametrallados
por un comando parapolicial. A pesar de recibir seis impactos de bala,
Etxabe salva la vida. Su mujer, con once balazos, fallece.
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18.3.4
Tras la huelga de actores del 75, el PCE mantenía cierta prédica entre
los actores más progresistas. Algunos aún la mantienen, otros se fueron
con su pasta a otra parte, quizá a las lejanas cejas de la tierra
prometida. Carrillo se mojó el 12 de junio de 1976 en Torrelodones, que
rima con pajarito, cuchara y árbol. De esto sólo hace 37 años y ya casi
no se canta la Internacional. |

18.3.5
En las
fiestas de San Fermín de 1978, la situación era muy tensa, pues todo el
País Vasco y Navarra atravesaban la enésima crisis política y policial.
Las fuerzas policiales de la ciudad encabezadas por el Comisario jefe,
sabían que algunas peñas de mozos pretendían reivindicar la Amnistía
General en la plaza de toros, por ello, la Policía Armada
se había colocado estratégicamente en las entradas de la plaza de
toros. Se repetía de nuevo, como en Vitoria en el 76, la estrategia de
mandos policiales franquistas, reacios a la democracia, a buscar,
decimos, victimas y graves incidentes que dificultaran el camino de la
monarquía parlamentaria del gobierno Suárez. En la imagen, los mozos
despliegan una pancarta reclamando Amnistía. Los tiempos eran como eran,
y Pamplona era Pamplona y algunos sectores del público se molestaron y
lanzaron almohadillas como se ve en la imagen.
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3) Notas extractadas de
"La sombra de Franco en la Transición de Alfredo Grimaldos"
Muerte en Pamplona.
8 de julio 1978
El 8 de julio, en
Pamplona, muere Germán Rodríguez por disparos de la policía. Esa tarde,
la plaza de toros de la capital navarra está a rebosar. Se celebra una
de las corridas más esperadas de la feria de San Fermín. Al final de la
lidia, un grupo de mozos salta al ruedo con una pancarta en la que se
puede leer: “En San Fermín, todos los presos a casa”. La pancarta da
lugar a una agria división de opiniones entre el público y a algunos
enfrentamientos individuales. En ese momento, cuando en el ruedo se
encontraban decenas de chavales de las secciones juveniles de las peñas,
que habitualmente entran en la plaza para poder integrarse en el
desfile, aparecen las FOP sobre el albero, con el comisario Miguel Rubio
al frente. Esta irrupción provoca enorme indignación en los tendidos,
desde los que comienzan a arrojarse almohadillas y todo tipo de objetos.
Ante la reacción del público, la policía retrocede, mientas cientos de
personas huyen hacia las salidas de la plaza, provocando grandes tapones
humanos. Posteriormente, el conflicto se generaliza en las calles
adyacentes al coso y, después, en toda la ciudad de Pamplona, donde se
libra una batalla campal hasta la madrugada. En el cruce de las calles
de Roncesvalles y Paulino Caballero, una dotación de la policía baja de
un autobús disparando. Una de sus balas alcanza mortalmente al joven
Germán Rodríguez, militante de la Liga Comunista Revolucionaria
(LCR). El balance de la refriega es tremendo: 40 personas ingresadas en
el Hospital de Navarra, 12 en la Clínica Universitaria, 33 en la
Residencia Virgen del Camino y tres en la Clínica San Juan de Dios.
Horas más tarde, el gobernador civil, Ignacio Llano, declara que él no
ha dado la orden de intervenir a las FOP y que su irrupción en la plaza
es responsabilidad exclusiva del mando de la dotación local de la
Policía Armada, un ex legionario, el comandante Fernando Ávila. Al
final, no se deducen responsabilidades penales ni disciplinarias contra
los mandos policiales o los autores directos de la muerte de Germán.
Según declara Martín Villa, en Pamplona se han realizado, durante la
noche de los incidentes, siete mil disparos de material antidisturbios y
130 disparos de bala. En sólo seis horas. Y con todo el fuego
concentrado en una zona del segundo Ensanche de la ciudad. A pesar de
tan enorme e inusual derroche de munición, la policía continúa
disponiendo de material antidisturbios, lo que hace suponer que estaba
previsto hacer frente a un incidente como el que se ha producido. El
ministro del Interior intenta tergiversar los hechos, pero numerosos
testimonios de testigos presenciales lo dejan todo muy claro: a Germán
Rodríguez lo mata la policía. En árboles, vehículos y edificios quedan
incrustadas decenas de balas que provienen de las mismas armas que matan
al joven navarro. Las comisiones investigadoras de Pamplona, San
Sebastián y Rentería elaboran un demoledor dossier, “Castigo a los
culpables”, en el que se recoge toda esa información. Como consecuencia
de su actuación durante los sangrientos “sanfermines” de 1978, el
comisario Rubio es trasladado a la localidad valenciana de Xirivella,
donde se producen fuertes manifestaciones en protesta por el nuevo
destino que se le ha concedido.
(*) Desde un par de
meses atrás, varios jóvenes navarros estaban encarcelados acusados de
haber intervenido en la muerte del subteniente Etseberri. El 11 de mayo,
un grupo de incontrolados había recorrido el Casco Viejo de San
Sebastián, empuñando porras y cadenas y amenazando a los transeúntes con
pistolas. Hubo numerosos enfrentamientos, algunos de gran dureza, y uno
de los “incontrolados” fascistas recibió una cuchillada mortal. Era el
subteniente de la Guardia Civil Juan Etseverri. Otro “incontrolado”
resultó herido: más tarde se pudo comprobar que era el policía José San
Martín.
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18.3.6
En
cuanto los grises tuvieron noticia del suceso, el Comisario Miguel Rubio al
mando de cuarenta policías entró en el coso disparando pelotas de goma y
repartiendo indiscriminadamente badana. Entonces, todas las peñas sin
distinción abroncaron a los grises comenzando un lanzamiento
generalizado de almohadillas. Los grises se replegaron, pero al rato
volvieron a entrar por otra puerta y acompañados de caballería. La gente
desalojó la plaza en medio de un pánico atroz, pues todo el mundo
conocía los tiempos que corrían, donde la mezcla de manifestantes y
grises siempre producía muertos. Las carreras y cargas se trasladaron a
los alrededores de la plaza de toros y una verdadera batalla campal de
la que fui testigo presencial se desarrolló en prácticamente toda la
ciudad. Los grises iban en convoyes de tres o cuatros jeep y autobuses,
se bajaban, abrían fuego, eso he dicho, fuego, con toda clase de
artefactos, pistolas y subfusiles incluidos, recogían sus bártulos y
seguían camino hasta otra calle o cruce. En una de estas mataron a
Germán Rodríguez conocido militante troskista y miembro de las peñas.
Las fiestas quedaron arruinadas y una gran indignación recorrió la
ciudad sin distinción de ideologías. En el lugar de la muerte de Germán,
los árboles estaban acribillados a balazos. Los refuerzos policiales que
venían de Miranda y de otras ciudades fueron cortando los accesos a la
ciudad y las estaciones de autobuses y trenes y para salir de Pamplona
había que identificarse en los controles o salir en plan la "Gran
Evasión". Era una situación infernal para todos los que como yo habían
acudido desde todas partes de España para disfrutar de los Sanfermines
en un duro y sangriento año donde cada quincena había un muerto.
El parte de bajas fue brutal, más de 100 heridos de bala, pelotas, botes
y otros proyectiles, más los que no se hospitalizaron por miedo y
salieron de sus heridas como pudieron. Según confesó el ministro, se
dispararon más de 7.000 proyectiles, de los que al menos 130 eran balas
de reglamento. O sea, sin las rebajas, más de mil balas salieron de las
armas de los grises durante las jornadas que duraron los incidentes, a
ciencia cierta provocados por la Policía Armada y sus mandos.
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18.3.7
En las peñas hubo de
todo, desde los apaciguadores, hasta los cabreados, de cualquier edad y
pasado ideológico que clamaban justicia. Como en la imagen, donde los
jóvenes tratan de apaciguar al madero, mientras un mayor sujeta a otro
mayor que quiere cantarle las cuarenta al guardia. Detrás un fotógrafo
y al fondo jóvenes en acción.
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4)
Notas extractadas de "La sombra de Franco en la Transición de Alfredo
Grimaldos"
Muerte en San
Sebastián. 10 de julio 1978
El lunes 10 de julio,
la protesta por la muerte de Germán Rodríguez se extiende a toda Euskadi
y hay un nuevo muerto. En San Sebastián, José Ignacio Barandiaran
Urkiola, de 19 años, natural de Astigarraga, fallece a consecuencia de
un disparo en el pecho, cuando se manifiesta en las inmediaciones de la
cuesta de Aldapeta. Como es habitual, el ministerio del Interior
responsabiliza de esta muerte a la agresividad de los manifestantes,
que, supuestamente, intentan asaltar el cuartel de la Policía por las
armas. La Consejería de Interior del Consejo General Vasco hace pública
una nota que desmiente esa inverosímil versión: “En el día de hoy se ha
producido una manifestación hacia las nueve y media de la mañana,
formada por empleados de Banca y Cajas de Ahorro y Seguros. La
manifestación, que ha discurrido por numerosas calles de San Sebastián,
se ha desarrollado de forma total y absolutamente ordenada y pacífica
hasta la calle de Urbieta, en la que ha hecho presencia la Policía
Armada, disolviendo la manifestación y haciendo uso de pelotas de goma”.
“Posteriormente, un pequeño grupo se ha dirigido a las inmediaciones de
la cuesta de Aldapeta, que conduce al cuartel de la Policía Armada,
momento en el cual, dos policías armados y dos policías de paisano
subían por las escalerillas que conducen al cuartel. Uno de ellos,
vestido con un jersey polo color granate, pantalón marrón y gafas, ha
comenzado a disparar con una pistola en dirección a los manifestantes
que se encontraban en el cruce de las calles de Víctor Pradera y San
Bartolomé. El otro presunto policía de paisano, vestido con camisa
blanca, ha forcejeado con el que efectuaba los disparos para tratar de
impedirlo, sin haberlo conseguido, interviniendo posteriormente la
Policía Armada, que ha conseguido que cesaran los disparos. La persona
que los ha efectuado se encontraba en un alto grado de excitación y
sujetaba la pistola con ambas manos, apoyándolas en la barandilla de la
cuesta de Aldapeta. Instantes después, en medio de una nube de humo
producida por los botes que lanzaba la policía, ha sonado una ráfaga de
metralleta y dos o tres disparos aislados, alcanzando una bala en el
pecho al joven de 19 años José Ignacio Barandiaran Urkiola, causándole
la muerte. Los testigos presenciales afirman que la ráfaga de metralleta
ha partido de un policía armado que ha salido de un jeep que se
encontraba a unos quince metros del inicio de la cuesta de Aldapeta, sin
que en ningún momento mediara agresión armada por parte de los
manifestantes a las FOP, ni éstas se encontraban acorraladas o sitiadas,
ni en situación de dificultad, como se demostró posteriormente al cargar
y disolver a todos los manifestantes sin grandes dificultades”.
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18.3.8
El día 12 la Huelga
General es total en Euskadi. Los temidos antidisturbios con base en
Miranda de Ebro entran en Rentería en un servicio rutinario. Las calles
están vacías y no hay ninguna actividad en el pueblo. Esto parece
irritar profundamente a los grises que sin previo aviso ni provocación
se pusieron a destrozar escaparates y también a saquearlos sin ningún
freno moral. Como en la edad media, el centro de Rentería fue saqueado.
No contentos con esto, incendiaron vehículos y destrozan mobiliario
urbano. Era la segunda vez en esos años en que esta ciudad vasca sufría
el ataque descontrolado de la fuerzas represivas.

18.3.8.1
La tienda ha sido
asaltada, rotas sus puertas y sus escaparates.
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5) Notas extractadas de "La sombra de
Franco en la Transición de Alfredo Grimaldos"
Sucesos de Rentería. 12 de julio 1978
La huelga general se
extiende, y el miércoles 12 de julio toda Euskadi está prácticamente
paralizada. A mediodía del día siguiente, cuando se va recobrando poco a
poco la normalidad, una compañía especial de la Policía Armada,
integrada por 200 hombres y procedente de Miranda de Ebro, ocupa las
calles vacías de Rentería y destroza a culatazos las vitrinas de
numerosos escaparates, mientras sus integrantes disparan a las ventanas
de las casas pelotas de goma y botes de humo. Numerosas fotografías
muestran a los policías sustrayendo objetos de los escaparates
destrozados. Martín Villa acuña entonces una de sus frases más
lapidarias: “Lo nuestro son errores. Lo otro son crímenes”.
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18.3.9
Los estudiantes se sientan y gritan "No nos moverán". Los grises se
mueven, tiran botes de humo y cargan. Y así un día y otro día en esos
años nefastos donde el pueblo se trajo la democracia, o un trozo de
ella, y desde luego, conquistó el estado de bienestar que ahora nos
quieren quitar, pues lo que tenían que defenderlo, al contrario de los
de la imagen, pasan de todo menos de su móvil y de su botellón, sabiendo
que no tendrán trabajo salvo que emigren. Desde luego, con aquella
juventud, entre la que me encontraba, no hubiera tenido bemoles ningún
gobierno para hacer estos recortes y estas sinvergonzonerías. |
6) Notas extractadas de
"La sombra de Franco en la Transición de Alfredo Grimaldos"
Muerte en Barcelona y en sevilla. 11
y 27 de septiembre de 1978
Septiembre, 11. Gustavo
Adolfo Muñoz de Bustillo Gallego, de 16 años, fallece por los disparos
de la policía armada durante los incidentes que se producen tras la
celebración de la Diada.
27 de septiembre. En
Sevilla, Manuel Medina Ayala, militante del PCE, muere apuñalado por un
grupo ultraderechista durante un acto de solidaridad con el pueblo
chileno.
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18.3. 10
La ultraderecha
organizada alrededor del Frente de la Juventud, envió al diario El País
un paquete bomba que estalló causando la muerte de Andres Fraguas y
heridas muy graves a Carlos barranco Armenteros y Juan Antonio Sampedro
(en la imagen). La indignación fue tremenda, pero Martín Villa no se
hizo eco de ella y los responsables directos fueron detenido tres años
después cuando la banda en cuestión ya habían cometido otros brutales
atentados. Fueron condenados por este y otros delitos, pero cumplieron
muy pocos años gracias a las artimañas de las autoridades judiciales.
Uno de ellos, ya en libertad, pese a haber sido condenado a 30 años, se
presentó a las oposiciones de funcionario de prisiones.
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7) Notas extractadas de
"La sombra de Franco en la Transición de Alfredo Grimaldos"
Paquete Bomba en el diario El país. 30 de
octubre de 1978
El 30 de octubre, un
paquete bomba estalla en la portería de la redacción del diario El País.
Muere el conserje Andrés Fraguas Rodríguez y varios empleados más
resultan heridos, dos de ellos de gravedad: Carlos Barranco Armenteros y
Juan Antonio Sampedro Sánchez. El paquete bomba estaba compuesto por
doscientos gramos de goma-2, dentro de una caja acolchada dirigda al
director del periódico, Juan Luis Cebrián. El atentado lo reivindica un
comando ultraderechista y el ministerio del Interior, encabezado por
Rodolfo Martín Villa, no realiza ninguna investigación para esclarecer
los hechos y detener a los culpables del asesinato. Trascurrirán tres
años hasta que dos fascistas, Ramiro Alejandro Rodríguez-Borlado Zapata
y Rafael Alfredo Gómez Álvarez, miembros del Frente de la Juventud que
encabeza el abogado José de las Heras Hurtado, sean detenidos como
responsables de la explosión en El País y condenados a 30 años de
prisión. Estos mismos individuos, junto con otro miembro de la banda,
Pedro Bel Fernández, (huido a Venezuela y extraditado en 1984) y Jesús
Javier Blanco García son también los autores de la colocación de una
bomba, el 15 de julio de 1979, en el bar El Parnasillo, de Madrid, que
provoca la muerte de Salomé Alonso Varela, de 28 años, y heridas graves
a otras diez personas. A la banda pertenecen, además, Leocadio Jiménez
Caravaca, condenado por la matanza de Atocha, Tomás Antón Torregrosa,
Joaquín López Martínez, Pedro de Haro Pavón, José Luis Sáez Alonso y
otros dos ultras que consiguen huir: Luciano Marbán Pavón e Íñigo
Aragonés Sampedro.
Rodríguez-Borlado y
Gómez Álvarez, son los autores del atentado con bomba contra el Club de
Amigos de la Unesco, en enero de 1980, que hiere gravemente a María
Dolores Martínez y Luis Enrique Esteban, y de la colocación de varios
explosivos en las librerías Fórum y Express, en la sede de la federación
local de CNT, en un chalet propiedad del cantante Víctor Manuel, en el
café Colmenar, en la Asociación Pro Derechos Humanos y en varias
librerías. José de las Heras, también procesado en el mismo sumario que
ellos, huye una semana antes de que se celebre el juicio, aprovechándose
de una generosa libertad condicional. La locura asesina de Gómez Álvarez
le lleva, el día 7 de julio de 1981, a acabar, a sangre fría, con la
vida de Carlos Javier Idígoras Navarrete, de 22 años, que celebra su
aprobado en unas oposiciones a factor de RENFE y se encontraba ebrio.
Poco después, el 26 de ese mismo mes, dispara en la cabeza a Félix Sanz
Arroyo, de 23 años, que le recrimina que interrumpa el tráfico con su
vehículo. Sanz queda gravemente herido. Rafael Gómez Álvarez es
condenado, por el caso El País, a 30 años, y posteriormente, en otra
sentencia de la Audiencia Nacional, a otros 40 años, por tenencia de
armas, homicidio, asesinato con alevosía, lesiones muy graves y
estragos. Por los mismos delitos, Rodríguez-Borlado es condenado a 30
años por el asesinato de El País, y a 37 años por el resto de los
delitos.
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18.3.11
Dos históricos sindicalistas, cara a cara, todavía amiguetes pero pronto
contrincantes por la deriva felipista, que tan cara pagó Nicolás
Redondo. Es enero de 1979 y había mucha inflación y mucho paro. Los
sindicatos se manifiestan para llamar la atención del gobierno Suárez.
Redondo parece sólido, hecho del hierro vasco y mira con nobleza y con
decisión. Marcelino aparenta ser más frágil, pero que va, Marcelino es
como un junco, acostumbrado a todos las inclemencias, por las que por
cierto no pasó Redondo, o al menos no tanto. Ambos fueron fagocitados
sin compasión por personas cercanas de su entorno político. Y a su
final, lo sindicatos surgidos de la lucha contra el franquismo, se
convirtieron en burocracias sindicales en el mismo camino que los
partidos. El camino de la monarquía parlamentaria juancarlista. |
8) Notas extractadas de
"La sombra de Franco en la Transición de Alfredo Grimaldos"
Muertes en Mondragón. 15 de
diciembre 1978
El 15 de diciembre,
tras un enfrentamiento armado entre un comando etarra y la Guardia
Civil, en Mondragón, mueren dos miembros de ETA. Cuando ambos ya han
caído al suelo, heridos de muerte, aparece otro coche policial y los
miembros de su dotación comienzan a disparar indiscriminadamente. A raíz
de esas ráfagas de subfusil muere el vecino de la localidad Emilio
Larrea, que se halla en la puerta de su caserío, a más de cien metros de
los hechos. También resultan heridos de bala el estudiante Roberto
Beltrán, que es alcanzado por un disparo cuando sale de la escuela
profesional donde está matriculado, y otra transeúnte, Crescencia
Vidaurreta.
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18.3.12
El 27 de febrero de 1979 una banda ultra agredió a la Secretaria General
de la Joven Guardia Roja, Josefina López Gay. Pina, como se la conocía,
ya había demostrado su cuajo en anteriores intervenciones policiales y
para-policiales. La joven luchadora siempre supo mantener la dignidad en
todos los ataques que sufrió por motivo de su cargo. El último, fue
durante el 23F, cuando una banda fascista fue a por ella con siniestras
intenciones y la tuvo retenida horas. El valor, en estos hechos y los
anteriores, proviene de que Pina sabía que podían acabar con su vida
impunemente como ya venían haciendo con otros luchadores y luchadoras y
como hicieron con Yolanda González, dos años después. Pina era dirigente del
Partido de los Trabajadores de España. Y era admirada en la izquierda,
precisamente por lo que tanto nos falta ahora, por su entrega a la
causa. Pina abandonó la política en 1992. Desgraciadamente murió en el
año 2000 en la localidad sevillana de Coria, donde residía. Su muerte
fue una sorpresa para todos y fue muy sentida por los que, como
ella, andábamos por Madrid, primero contra Franco, y luego contra los
gobiernos de Arias y Suárez. |
9) Notas extractadas de
"La sombra de Franco en la Transición de Alfredo Grimaldos"
Muerte pidiendo agua. 6 de marzo de
1979
6 de marzo. Ursino
Gallego, de 14 años, muere por el impacto de una bala de goma que
dispara la policía durante el transcurso de una manifestación vecinal
convocada bajo el lema de “¡Queremos agua!”.
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18.3.13
La dura huelga de los maestros durante el gobierno Suárez, y que se
ganó, ya protestaba contra la privatización de la enseñanza.
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10) Notas extractadas de
"La sombra de Franco en la Transición de Alfredo Grimaldos"
Muerte en Madrid. 20 de abril de
1979
20 de abril. En Madrid,
funcionarios de la Brigada Central de Información, dirigida por Roberto
Conesa matan al miembro del PCE (r) Juan Carlos Delgado de Codes. Le
disparan por la espalda cuando sale, desarmando, de la estación de metro
de Lavapiés. Los policía que lo asesinan son Juan Luis Abuin Sallo, José
María García González y Juan Carlos Salgado Sandez. Este crimen provoca
serios roces entre Conesa y el jefe superior de policía de Madrid,
Francisco de Asís Pastor, un funcionario policial con carácter más
abierto que los ultras de la Brigada Central de Información.
Asesinato en Madrid. 29 de abril de
1979
El día 29 de abril es
asesinado en Madrid el joven comunista Andrés García. “Le han partido el
corazón en dos”, le dice el forense a Carmen Fernández, la madre del
chico, después de hacer la autopsia al cadáver. El joven madrileño ha
ido al cine Carlos III, en la calle de Goya, y a las nueve de la noche,
cuando él y otros cuatro amigos salen de ver la película, deciden ir a
comer unos perritos calientes a un pequeño bar de la calle de Alcalá,
junto al cine Benlliure. Suben por la cera de los impares de Goya,
cruzan Velázquez y Núñez de Balboa y pasan por delante de la cafetería
California 47. “En la puerta había un tapón de jóvenes, de pie, y
enfrente otro grupo, unos de pie y otros apoyados en un coche” comentaba
para la revista La Calle, días después del asesinato, Alberto, uno de
los amigos de Andrés, que le acompañaba aquel triste día. “Nos llamó la
atención uno que llevaba un brazalete con la cruz gamada. Le miramos y
pasamos de largo. Unos metros más allá, uno de nosotros volvió la cabeza
y nos dijo que estaban pegando o zarandeando a un señor mayor. Yo les
dije a todos que no volvieran la cabeza. Seguimos. Antes de llegar a
General Mola, José nos dijo que nos seguían. Empezamos a ponernos
nerviosos y aceleramos el paso. Cuando cruzamos General Mola, ellos
empezaron a correr. Yo iba con otro detrás. Andrés iba delante de
nosotros. De repente, sentí algo, como un puño envuelto en algo. Me
volví y les dije: ¿pero qué hacéis? El muchacho que había fallado el
golpe se volvió entonces hacia los que venían y yo grité: “Salid
corriendo que están armados”. Cuando los amigos llegan a la altura de la
cervecería Cruz Blanca, en la confluencia de Goya y Alcalá, Andrés no
está con ellos. Ha quedado tendido en el suelo, más atrás, con dos
puñaladas en el corazón.
Cuarenta y ocho horas
después de su asesinato, el gobernador civil de Madrid, Juan José Rosón,
declara en rueda de prensa: “Sí, es cierto que durante los últimos días
se han generado unas anormales relaciones de tipo político en esta
ciudad. Creo, sin embargo, que la cota de violencia es normal en Madrid,
globalmente considerada”. Son detenidos por el asesinato José Luis
Martínez Merino, de 16 años, autor material de la puñalada mortal y
miembro del Frente de la Juventud; Federico Baudin Picharro, de 18 años,
que sujeta a Andrés mientras Martínez le clava un machete; Claudio
Alonso Becerro de Bengoa, de 17 años, y un menor, de sólo 15 años. El
Frente de la Juventud, formado a partir de una escisión de Fuerza Nueva,
es oficialmente legal desde el 30 de noviembre de 1978. A pesar de que
varios de sus militantes aparecen implicados en asesinatos y múltiples
actos violentos durante los últimos años de la década de los 70, la
formación nunca llega a ser ilegalizada. Andrés había nacido en el seno
de una familia obrera emigrada a Francia en 1969, cuando él era poco más
que un niño. Los García regresaron a Madrid en 1977, sólo dos años antes
del crimen. El joven asesinado era miembro de la Agrupación de las
Juventudes Comunistas de Retiro.
No se atreve a
presentarse a declarar ningún testigo presencial del crimen. Y tampoco
llega a saberse nunca quién es la persona que lleva a Andrés, ya
moribundo, hasta el hospital Francisco Franco (Gregorio Marañón, en la
actualidad) cercano al lugar de los hechos. Tampoco comparecen las dos
chicas a las que, unos minutos antes del asesinato de Andrés, agreden
Martínez y Baudín porque una de ellas lleva una pegatina del Ché en el
bolso.
El caso es juzgado por
la jurisdicción ordinaria, no por la Audiencia Nacional, lo que descarga
de intencionalidad política el crimen. Se considera la muerte de Andrés
fruto de una pelea callejera. Los criminales ultras son procesados por
“homicidio”, no por asesinato. Los padres de Andrés quedan destrozados
tras su muerte y, aún hoy, 26 años después de aquel día de abril de
1979, no se sienten con fuerzas para hablar públicamente de la pérdida
de su hijo.
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18.3.14
Pues sí, ha habido elecciones, el pueblo es supuestamente soberano, pero
el 1 de mayo de 1979 en la fiesta anual de Villalar de los Comuneros, la
Guardia Civil todavía usaba armas de guerra para mantener el orden
público ante estos peligrosos melenudos que no quieren despejar la cera
del ayuntamiento del pueblo. |
11) Notas extractadas de
"La sombra de Franco en la Transición de Alfredo Grimaldos"
Muerte en Tudela. 3 de
junio de
1979
Gladis del Estal muere
en Tudela. Le dispara un guardia civil mientras ella permanece sentada
en el suelo, durante una concentración que se celebra con motivo del Día
Internacional contra las Centrales Nucleares. El ministro del Interior
Ibáñez Freire declara que la muerte es fruto de un disparo fortuito y se
archiva el caso. No se determina ninguna responsabilidad penal ni
política por el nuevo crimen. El gobernador civil de Navarra, Eduardo
Ameijide, se permite decir: “Respeto todas las peticiones, pero no
pienso dimitir”. Las manifestaciones de protesta por la muerte de Gladis
se prolongan por toda Euskadi durante varios días, hasta el día 7. En
una de ella resulta herido de bala, por disparos de la policía, José
García Rodríguez, obrero de Basauri.
Desmanes
ultraderechistas en San Sebastián. 3 de junio de 1979
Poco después, policías
de paisano hacen incursiones en el casco viejo de San Sebastián y
Pamplona, golpeando a los viandantes. Sólo unos meses antes, durante una
razzia similar, desatada el día de la popular “Tamborrada” de San
Sebastián, el policía nacional José Pajarón Rodríguez, que vestía de
paisano, había perdido su carnet de identidad tras herir gravemente a
una persona. Coincidiendo con estos hechos, un guardia civil ebrio da
muerte a tres personas en la sala de fiestas Bordatxo, en Navarra.
Muerte en Andoain. 6 de
junio de
1979
Un comando parapolicial
secuestra y asesina en Andoain (Guipúzcoa) a José Ramón Ansa Etxebarría,
de 17 años. Reivindica el crimen el Batallón Vasco Español.
Asesinato en
Rentería. 10 de junio de
1979
El día 10 de junio por
la noche, un policía de paisano, “franco de servicio”, dispara contra
Vicente Vadillo, un cliente del bar Apolo, en Rentería, causándole la
muerte. La asamblea realizada una horas después en el pueblo para tratar
el caso es interrumpida y duramente reprimida por la policía. A
continuación, los agentes llegan a asaltar el ayuntamiento, donde se
halla reunida la Corporación local, y golpean a los ediles.
Asesinatos en París.
28 de junio de
1979
El 28 de junio son
asesinados en París los miembros del PCE (r) Javier Martín Eizaguirre y
Aurelio Fernández Cario. Reivindica el atentado el Batallón Vasco
Español (BVE). Ambos llevaban varios años refugiados en Francia y habían
sido denunciados falsamente como terrroristas, en un artículo del
semanario Blanco y Negro, por el periodista-policía franquista Alfredo
Semprún. El mismo que entrevistó a uno de los asesinos de los abogados
de Atocha, Lerdo de Tejada, cuando escapó de prisión.
|

18.3.1 5
Octubre
de 1980. El secretario general de las Juventudes Socialistas, Juan
Antonio Barragán, se persona con otros compañeros en el Consejo de
guerra que se sigue en la III Región Militar (Valencia) contra jóvenes
acusados de sedición en la ultramontana visión que de los jóvenes en
edad militar tenían entonces los mandos militares. |
12) Notas extractadas de
"La sombra de Franco en la Transición de Alfredo Grimaldos"
Crimen
en Valencia. 29 de junio de
1979
El 29 de junio muere el
trabajador del mercado de Valencia Valentín González Ramírez, de 20
años, a consecuencia del impacto de una bala de goma que le dispara a
bocajarro un policía nacional. Valentín se dispone en ese momento a
ayudar a su padre, que está siendo brutalmente apaleado por otro agente.
Los hechos suceden durante una huelga legal de las “collas” de carga y
descarga del mercado valenciano. Los trabajadores de este sector
reclaman el cumplimiento del laudo dictado por la Delegación de Trabajo
de Valencia, que obliga a los empresarios del sector a subir los
salarios de sus empleados. Los asentadores no han hecho caso de la
resolución: ni la recurren, ni pagan. Las deudas a los trabajadores se
han ido acumulaban hasta superar los 13 millones de pesetas. Los
descargadores deciden entonces recurrir a la huelga legal, en defensa
del cumplimiento del laudo y del pago de los atrasos. Se entrega en el
Gobierno Civil un extenso escrito informando a las autoridades de cuál
es la situación y señalando que se convoca la huelga como única
posibilidad de presión que les queda. El día 25 por la mañana hay una
asamblea en la que participan los 115 descargadores del Mercado de
Abastos. En ella se decide no provocar el más mínimo incidente y se
recuerda que están actuando dentro de la más estricta legalidad. Se
propone que los piquetes informativos que se van a situar a la entrada
del mercado estén compuestos por trabajadores mayores de 60 años. El
resto de los huelguistas se mantendrá dentro del mercado en actitud
pacífica. Hacia las ocho de la tarde, se forma una barrera a la entrada
del mercado, con vallas metálicas y carretillas, para impedir la entrada
a los transportistas, y se reparten hojas explicativas a camioneros y
transeúntes. No hay ningún enfrentamiento con los transportistas. Media
hora después llega a las inmediaciones del mercado un fuerte contingente
policial, al mando de un oficial, que se dirige a los trabajadores
diciendo que la policía no interfiere en asuntos laborales y que sólo
quiere saber si la huelga es legal. Mientras un trabajador va a buscar
los papeles oficiales que acreditan la legalidad de la convocatoria, el
mando policial se acerca a su vehículo y habla por teléfono. Cuando
vuelve, le ensañan los papeles, pero se desentiende de ellos y conmina a
los huelguistas a que desalojen la zona en tres minutos.
Algunos trabajadores,
entre ellos Valentín y su padre, se refugian en la caseta de vestuarios
que hay a la entrada del mercado. La policía lanza una bomba al interior
y el ambiente se hace allí irrespirable. Con una silla, los hombres que
hay dentro de la caseta rompen los cristales de la ventana que da a la
calle y saltan desde ella. Valentín, con su padre y otros compañeros,
sale por la puerta. Un policía comienza a apalear al padre del joven y
éste se acerca para protegerle con su cuerpo. En ese momento, otro
agente, que está a sólo dos metros, dispara una bala de goma contra
Valentín, quien, casi inconsciente tras recibir el impacto del
proyectil, se derrumba sobre una valla. Un golpe terrible en la cabeza,
con una porra, le hace caer definitivamente al suelo. Se produce una
gran tensión y algunos policías, montando sus subfusiles, impiden que
otros trabajadores se acerquen al joven caído. Los mismos policías le
practican la respiración artificial y un masaje cardíaco y, al ver que
no reacciona, permiten que se suba su cuerpo al coche de un compañero,
que le traslada al Hospital Provincial. Cuando llega allí, a Valentín
sólo le queda un aliento de vida y no hay tiempo de intervenirle
quirúrgicamente: la gran hemorragia interna que sufre acaba con su vida.
Ante tan inesperada tragedia, su padre queda completamente trastornado,
si capacidad para reaccionar. Un centenar de compañeros de Valentín
hacen guardia ante un círculo de carretillas de carga y descarga, en el
lugar donde el joven ha caído herido de muerte. En el centro, pintan la
silueta del trabajador con una cruz sobre el corazón. Sindicalistas,
trabajadores y vecinos inundan de flores ese reducido espacio. El
gobernador civil, José María Fernández del Río, que estaba fuera de
Valencia mientras se producían los acontecimientos, regresa rápidamente
a la ciudad y declara provocativamente: “La policía ha sido demasiado
blanda”.
El día 27 tiene lugar
en Valencia una jornada de huelga general, que es respaldada de forma
masiva, y más de cien mil personas salen a la calle para protestar
contra el crimen. Es la mayor manifestación celebrada en la ciudad del
Turia hasta ese momento. A las tres en punto, las sirenas de los barcos
del puerto suenan tres veces, cuando la cabeza de la comitiva llega al
cementerio. El féretro con el cadáver de Valentín, cubierto por la
bandera rojinegra de la CNT, sindicato al que pertenecía, pasa en
volandas sobre manos acostumbradas a cargar y es depositado en la tumba.
El silencio queda roto a partir de ese momento, con gritos que reclaman
justicia. Un comunicado conjunto, firmado por todos los sindicatos de
clase, el día 26, señala: “Otro militante obrero ha caído. Una vez
más, cuando todavía suenan los ecos de las balas de Euskadi, las fuerzas
de “orden público” han hecho otra víctima para ofrecerla al Estado que
las ceba. Los hijos de las dictaduras son como ellas mismas. Los retoños
del franquismo y las instituciones que lo prolongan son familiares a los
métodos de aquél en cuyo seno se han hecho políticos y cuya política hoy
tenemos que sufrir. ¡ABAJO LA MONARQUÍA! ¡FUERA SUS ASESINOS A SUELDO!"
Ningún político dimite
y ningún policía es procesado por la muerte de Valentín. En 1993, por
iniciativa de la central sindical CGT y del Ateneo Libertario “Al
Margen”, se constituye una plataforma popular para reivindicar que el
Instituto de Enseñanza Media ubicado en lo que fue el antiguo Mercado de
Abastos de Valencia lleve el nombre de Valentín González. “Queremos
homenajear, en el recuerdo de Valentín, a los trabajadores anónimos que
lucharon por las libertades, tanto en la Dictadura como en la
Transición. Pensamos que esta iniciativa puede constituir un ejercicio
de recuperación de la memoria histórica de una época sobre la que se
quiere echar un manto de olvido”, manifiestan los impulsores de esta
iniciativa en un comunicado. Desde entonces siguen recordando a Valentín
con periódicas concentraciones en el lugar donde el joven trabajador fue
asesinado.
|

18.3.16
El 13 de diciembre de 1979, la policía asesina a dos jóvenes
estudiantes, José Luis Montañés Gil y Emilio Martínez Menéndez en las
manifestaciones contra la legislación laboral del gobierno Suárez. Esta
desproporcionada intervención policial provoca reacciones de rechazo en
las tres universidades de Madrid y en todos los partidos políticos y
asociaciones de vecinos, etc... El año 1979 terminaba muy sangriento. La
Policía Armada, la Guardia Civil, y la extrema derecha en connivencia
con miembros destacados de las anteriores provocaron muchas muertes, más de una veintena de
jóvenes fueron asesinados ese año, en general manifestantes nada
violentos a los que, después, los comunicados oficiales convertían en
peligrosos delincuentes. Esta técnica de denigrar a la victima de la
brutalidad policial ya se empleaba con la monarquía alfonsina. En la
imagen, jóvenes manifiestan su opinión sobre los hechos en un autobús
municipal, mientras suben los pasajeros. |
13) Notas extractadas de
"La sombra de Franco en la Transición de Alfredo Grimaldos"
Verano de 1979
A lo largo del verano
de 1979, las intervenciones policiales para disolver manifestaciones
incrementan trágicamente la nómina de muertos y heridos de bala durante
la Transición. Un alcalde del Bajo Llobregat queda inválido a
consecuencia de un disparo efectuado por un número de la Guardia Civil y
tres personas más resultan heridas en sendas manifestaciones. Dos
trabajadores son asesinados en un bar por un policía nacional ebrio. En
Santa Coloma de Gramanet, grupos fascistas, en connivencia con la
policía, disparan hiriendo a dos jóvenes, mientras que, durante la
“diada” de Valencia, los efectivos antidisturbios se retiran para que un
grupo de militantes de Fuerza Nueva apalee al alcalde de la ciudad,
Ricard Pérez Casado.
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14) Notas extractadas de
"La sombra de Franco en la Transición de Alfredo Grimaldos"
Bomba en el bar
Parnasillo. 15 de julio de
1979
El 15 de julio fallece
Salomé Alonso Varela, de 28 años, en el barrio madrileño de Malasaña, al
explotar una bomba colocada por un grupo ultraderechista en el bar El
Parnasillo. La deflagración provoca también varios heridos graves. Los
autores del atentado son los mismos que provocaron la muerte del
trabajador del diario El País Andrés Fraguas con otro explosivo.
Muertes en Anglet. 2 de agosto de
1979
El 2 de agosto, dos
refugiados vascos son ametrallados en Anglet (Francia) por un comando
parapolicial. Muere Juan José Lopategui Carrasco y resulta gravemente
herido Angel Iturbe Abasolo. Reivindica el atentado el BVE.
Asesinato en Arganda
del Rey. 31 de agosto de 1978
El 31 de agosto, como
culminación de varios días de agresiones y provocaciones constantes, un
grupo de jóvenes ultraderechistas asesina a José Prudencio García, de 44
años, en la localidad madrileña de Arganda del Rey. El ejecutor material
es Luis Miguel Martín, militante de Fuerza Nueva. Otro de los ultras que
intervienen en el asesinato, Iñigo Guinea Pérez, es detenido por la
policía municipal del pueblo y entegado a la Guardia Civil, que lo pone
en libertad apenas transcurrida media hora. En 1980, Guinea participa en
el asalto ultraderechista al bar San Bao, donde muere el joven Juan
Carlos García Pérez. Acabará huyendo de España, sin pagar sus crímenes.
Muerte en Biarritz.
3 de septiembre
3 de septiembre. En
Biarritz, muere ametrallado por un comando parapolicial el refugiado
vasco Perico Elizarán
Asesinato en el
parque del Retiro. Madrid. 13 de septiembre de 1979
El 13 de septiembre de
1979, José Luis Alcazo, de 25 años, es asesinado a golpes de bates de
béisbol por un grupo de ultraderechistas. Licenciado en Historia, sin
ninguna filiación política, pasea tranquilamente por el Retiro con
varios amigos cuando se lanzan sobre él desde las sombras. Entre los
agresores se encuentra Fernando Pita da Veiga y Corral, sobrino del
almirante y ex ministro franquista Pita da Veiga, el que dimitió como
ministro de Marina cuando fue legalizado el PCE, en la Semana Santa de
1977. Fernando Pita también ha formado parte del comando que asaltó,
poco antes del asesinato de José Luis Alcazo, el Instituto San Isidro e
hirió a dos estudiantes. El grupo de asesinos lo integran también
Eduardo Juan Limiñana Sanjuán, Miguel Cebrián Carbonell, Gabriel
Rodríguez Medina, Miguel Fernández Alegre, Emeterio Iglesias Sánchez,
Pablo Calderón Fornos, José Antonio Nieto García y sus dos hermanos,
Angel Luis y José María. Los “bateadores” tienen entre 14 y 19 años. Se
han dado cita en El Retiro para llevar a cabo lo que ellos llaman
“acciones de hostigamiento contra los rojos, drogadictos y homosexuales”
que puedan encontrarse. Armados con palos, cadenas y bates de béisbol,
en los que han inscrito “Viva el fascio redentor”, se adentran en el
parque, hacia las nueve de la noche, y atacan a varios grupos de
personas. Cuando están agrediendo a Luis Francisco Canicio y Jesús
Manuel Oyamburu, José Luis Alcazo interviene para intentar ayudarles y
los fascistas se ensañan con él, dándole golpes en la cabeza hasta
matarle.
Dos de los ultras son
condenados como autores materiales del crimen, considerado por los
jueces sólo como homicidio: Angel Luis Nieto y Eduardo Limiñana, a
quienes les caen 11 años. Además, es sentenciado a tres años de prisión
José Antonio Nieto, y a dos años y seis meses, Rodríguez Medina. El
resto de los procesados se les imponen penas menores que no implican su
ingreso en prisión. Rodríguez Medina, hijo de un oficial del Ejército,
permanece ingresado muy poco tiempo y, además, de forma absolutamente
irregular, en la prisión militar de Alcalá de Henares.
Muerte en Oviedo. 20
de septiembre.
20 de septiembre. En
Oviedo muere por disparos de la Guardia Civil Valeriano Martínez Pérez,
de 44 años, durante un enfrentamiento de un piquete de huelguistas con
la fuerza pública.
Incendio y muertes
en Valladolid. 8 de diciembre de 1979
El 8 de diciembre
mueren dos ancianos a consecuencia de un incendio provocado en la sede
del MC de Valladolid. Los fallecidos vivían en el piso de arriba. La
violencia ultra en la ciudad castellana protagoniza numerosos episodios
durante la Transición y provoca bastantes heridos. El 6 de enero de 1981
será tiroteado el bar “El Largo Adiós”, lugar de encuentro de jóvenes
progresistas, y resultará gravemente herido Jorge Simón, de 26 años, por
un balazo en la cabeza y otro en el pecho.
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18.3.17
Imagen insólita. La Sanidad pública se ha puesto en huelga y los grises
entran en los hospitales. El contraste entre ambos lados describe
perfectamente la imagen. A la derecha los titulares, a la izquierda los
no invitados. |
15) Notas extractadas de
"La sombra de Franco en la Transición de Alfredo Grimaldos"
Asesinato de dos estudiantes. Heridas de bala a
varios transeúntes. Madrid 13 de diciembre de 1979
El 13 de diciembre, en
Madrid, tras una manifestación estudiantil contra la Ley de Autonomía
Universitaria (LAU), mueren, a consecuencia de los disparos efectuados
por la policía, los estudiantes José Luis Montañés Gil y Emilio Martínez
Menéndez. Ese día se celebran cuatro manifestaciones en la capital. Una
por la mañana, autorizada, patrocinada por el movimiento sindical
universitario, a la que asisten decenas de miles de estudiantes y en la
que se producen fuertes enfrentamientos con la policía. Las otras tres
tienen lugar por la tarde. Una en Cuatro Caminos, convocada por la
Coordinadora de Enseñanza Media y Formación Profesional, en la que se
reproducen los enfrentamientos con las FOP. Otra en la calle de
Princesa, donde los estudiantes de las universidades madrileñas han
convocado a la misma hora una concentración. Los estudiantes de las dos
manifestaciones estudiantiles, disueltos violentamente por la policía,
van protagonizando distintos “saltos” por el centro de la ciudad,
acercándose a una tercera manifestación, convocada por CCOO, USO y el
Sindicato Unitario, que en esos momentos transcurre por la calle de
Embajadores. Los estudiantes y los obreros confluyen a la altura de la
Ronda de Valencia, cerca de la Glorieta de Embajadores, donde se
levantan barricadas para impedir el paso de los vehículos policiales. La
dotación de un Land Rover policial comienza a disparar sus subfusiles y
provoca dos muertos y varios heridos de bala. En el costado de un
autobús de la EMT, cruzado en la Ronda de Valencia, se pueden ver
decenas de orificios de bala, a la altura de la cabeza de los
manifestantes. Cuando la concentración está prácticamente disuelta,
policías antidisturbios, en obvio estado de ebriedad, se dedican a
introducir sus dedos en los agujeros que han provocado los proyectiles,
entre risotadas, y chapotean con sus botas en los charcos que la sangre
de los muertos ha dejado sobre el asfalto.
Varios testigos
presenciales de aquella barbarie somos citados a declarar ante el juez
instructor del caso, Clemente Auger, magistrado del juzgado de
Instrucción nº 3, que, por primera vez en la Transición, solicita el
procesamiento de tres policías como presuntos autores de un delito de
homicidio. Son los funcionarios Francisco Antonio Garrido Sánchez, Juan
José López Tapia y Manuel Ortega García. La reconstrucción de los hechos
realizada por el juez difiere enormemente de la versión oficial
dada por la Dirección General de Seguridad y el ministro del Interior
Antonio Ibáñez Freire. José Luis Montañés ingresa ya cadáver en el
Hospital Provincial, a consecuencia de un disparo que le atraviesa el
cuello. Emilio Martínez presenta una herida en el hemitórax derecho y se
le extrae la bala. Se comprueba que ha sido disparada por un policía
nacional Manuel Ortega García. Otro funcionario, Antonio Francisco
Garrido Sánchez, reconoce haber disparado ocho veces al aire. Sin
embargo, sus balas hieren a Luis Sáenz Robles en una rodilla y a Esteban
Montero en el cuerpo. Se producen enormes presiones policiales y hay una
gran crispación en los centros sanitarios donde están ingresados los
heridos. La policía intenta recuperar las balas.
La versión policial de
que el jeep estaba acorralado no se sostiene, la desmienten numerosos
testigos presenciales y, además, resulta elocuente comprobar la
ubicación de algunos de los heridos: María Patricia McAnurty, de
nacionalidad británica, que se encuentra visitando Madrid como turista,
recibe un impacto de bala en la calle de Bernardino Obregón. Esteban
Montoro es herido de bala cuando está en la Glorieta de Embajadores.
Sólo Luis Sáenz Robles recibe el disparo a menos de 50 metros del jeep,
cuando está junto a la calle de Valencia. Pero el gobernador civil Juan
José Rosón no varía su versión. Continúa sosteniendo que el jeep
policial ha sido agredido y rodeado, a pesar de las evidencias en contra
que va desvelando la instrucción judicial. El sumario cuestiona también
claramente las roturas que presenta el vehículo, supuestamente
maquillado para la ocasión por orden del comandante de las FOP Jaime
Togores Franco Romero, jefe de servicio en la DGS el 13 de diciembre,
quien, según sus propias declaraciones, se encarga de conducir él mismo
el coche policial, desde la Casa de Socorro a las dependencias de la DGS
en la Puerta del Sol. La dotación del jeep tarda más de tres horas en
llegar desde el lugar de la manifestación hasta el centro sanitario, que
está a menos de dos kilómetros. Al parecer, “por problemas de tráfico”.
Los policías presentan también numerosas piedras que, según ellos, han
sido lanzadas contra el Land Rover. Luego se comprueba que proceden de
un río. Televisión Española repite hasta la saciedad que a José Luis
Montañés se le ha encontrado una bolsa con setenta mil pesetas. Lo que
no se aclarará más tarde es que, investigada la procedencia del dinero,
se puede comprobar que el estudiante fallecido trabajaba como cobrador
en la agencia de viajes Marsans y ese es el resultado de la recaudación
del día. Todos los sobres con el dinero llevan el membrete de Marsans.
Uno de ellos, que contiene 38.403 pesetas, está, curiosamente, a nombre
de la mujer del ministro de Universidades, González Seara. Es el pago
por unos billetes para el vuelo Madrid-Viena. El día de la
reconstrucción judicial de los hechos, dirigida por Clemente Auger, los
policías presentes no cesan de amenazar e intimidar a quienes hemos sido
citados como testigos y el juez tiene que ordenarles que se retiren unos
metros. Cuando la autoridad judicial desaparece, destrozan a patadas el
pequeño túmulo construido con velas en el lugar donde cayeron muertos
los dos jóvenes. Un documental elaborado en súper ocho por dos
estudiantes de la facultad de Ciencias de la Información, en el que se
recogen esclarecedores testimonios y se reconstruyen minuciosamente los
hechos, es secuestrado por la autoridad gubernativa, que también ordena
detener a los autores de la cinta. El juez Clemente Auger eleva la
instrucción del caso a la Audiencia Provincial, solicitando el
procesamiento de los tres policías. Forman parte de la Sección 1ª de la
Audiencia Provincial los magistrados Francisco Alberto Gutiérrez Moreno
y Alberto Leiva Rey, este último ha sido gobernador civil de Sevilla en
vida de Franco.
Cuando tomó posesión de
ese cargo en la ciudad hispalense, manifestó públicamente en su
declaración de intenciones: “Hago poco, pero duro”. Y el gracejo
sevillano lo bautizó como “el estreñido”. Preside la sala el magistrado
Luis Pérez Lemaur García, a quien le gusta lucir ostensiblemente la
bandera nacional con el aguilucho franquista en su chaqueta. El
procesamiento de los tres policías es denegado y se archiva el caso.
Cinco años más tarde,
el 13 de diciembre de 1984, uno de los testigos de los asesinatos de
José Luis y Emilio, José Luis Carrero Arranz, participa en una
manifestación en recuerdo de los dos jóvenes asesinados, que también es
reprimida por la policía. Cuando ya se retira de la zona, recibe un
balazo por la espalda. Afortunadamente, el disparo de la policía no le
afecta a ningún órgano vital y consigue salvar la vida. En el hospital
del Instituto de Cirugías Especiales (ICE), en San Bernardo, donde es
operado con éxito el herido, se vuelve a repetir una historia ya vivida
en 1979.
Con el gobierno el PSOE
y el ministro del Interior es José Barrionuevo, antiguo miembro del SEU
franquista, reconvertido al socialismo de Felipe González, hay cosas que
no cambian. Esta vez, los policías sí consiguen arrebatar el proyectil a
los médicos. Dos agentes esperan a pie de quirófano a que termine la
intervención y obligan al cirujano a que les entregue la bala que ha
herido a José Luis Carrero. Nunca se sabrá qué policía disparó contra
él.
Muerte en Hernani.
25 de diciembre de 1979
El 25 de diciembre, el
BVE tirotea en la localidad guipuzcona de Hernani a Juan Luis Zabaleta,
que es encontrado muerto. Aparece con disparos de bala en el vientre
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18.3.18
Bilbao, mediados de 1980, manifestación contra la guerra sucia de la que
todos los españoles estábamos hartos.
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16) Notas extractadas de
"La sombra de Franco en la Transición de Alfredo Grimaldos"
Sangriento año 1980
En 1980 la violencia
ultraderechista alcanza unas cotas terribles de violencia en las calles.
El día 8 de enero, aparece en el barrio de Sagroniz, a doce kilómetros
de Bilbao, el cadáver de la joven de 17 años Ana Teresa Barroeta. Su
cuerpo, materialmente cosido a cuchilladas, presenta huellas de haber
sido violado. Exactamente cinco meses después, el 8 de mayo, María
Josefa Bravo, también de 17 años, es descubierta en San Sebastián con el
cráneo aplastado.
Ambos asesinatos los
reivindica el Batallón Vasco Español. Entre uno y otro hecho se producen
más de una docena de atentados graves firmados por los elementos
franquistas, con un total de trece muertos y casi una veintena de
heridos de grave consideración. La represión sangrienta contra los
militantes de izquierda se presenta en este período básicamente en su
forma parapolicial.
Se producen agresiones
contra locales culturales, asociaciones de vecinos y sedes de partidos
de izquierda. Los atentados contra librerías y los asaltos a escuelas y
facultades se recrudecen. Y la connivencia o incluso la participación
directa de la policía queda en evidencia en muchos casos. El grupo de
asesinos que penetra en el bar San Bao de Madrid dialoga, unos momentos
antes de perpetrar su criminal agresión, con las fuerzas antidisturbios
que los han estado protegiendo mientras hacían pintadas ultras, a tan
sólo un centenar de metros de donde se va a producir la muerte de Juan
Carlos García. En Vallecas, tras la muerte de Vicente Cuervo, son los
propios policías quienes paran taxis para que se introduzcan en ellos
los pistoleros y se alejen del lugar del crimen.
Las manifestaciones y
asambleas convocadas en respuesta a los asesinatos fascistas son
sistemáticamente reprimidas por las fuerzas antidisturbios. Casi 50
detenidos se producen en Madrid durante los actos de protesta por el
atentado del San Bao; un joven resulta herido de bala en una pierna por
disparo de la policía el día siguiente de la muerte de Jorge Caballero,
y una vecina de Basauri, María Pérez, sufre conmoción cerebral, por el
impacto de un bote de humo, cuando participa en un acto donde se informa
de la muerte de María José Bravo.
El día 15 de enero
explota una bomba en el bar Aldana de Baracaldo, con el resultado de
cuatro personas muertas, Liboria Arana Gómez, Manuel Santacoloma, María
Paz Armiño y Pacífico Fica Zuloaga. También se producen diez heridos
graves. A uno de ellos, Andoni Mendoza, hay que amputarle una pierna.
Reivindican el atentado los Grupos Armados Españoles (GAE). El día
siguiente, Carlos Saldise Corta, de 33 años, simpatizante de Herri
Batasuna, es asesinado en Lezo, también por los GAE. El 26 de enero, una
carta bomba enviada al Club de Amigos de la Unesco de Madrid hiere
gravísimamente a dos miembros de la entidad, María Dolores Martínez y
Luis Enrique Esteban . Ella queda con la cara destrozada y pierde el ojo
izquierdo, él sufre la amputación de una de las manos y queda con la
otra muy dañada. Los autores del atentado son los mismos que provocaron
la muerte del trabajador de El País Andrés Fraguas con otro paquete
bomba. Llevan cometiendo actos criminales durante varios años sin que el
ministerio del Interior se haya preocupado de seguirles la pista. El 2
de febrero, Jesús María Zubikarai Badiola, simpatizante de Euskadiko
Ezkerra, en Eibar, y Yolanda González, en Madrid, son asesinados a tiros
en sendos atentados reivindicados por el Batallón Vasco Español. Ocho
días después, es asesinado en el popular barrio madrileño de Vallecas el
joven Vicente Cuervo, durante unos incidentes provocados por militantes
de Fuerza Nueva. Los dos miembros de un matrimonio simpatizante de HB,
María del Carmen Villarramendi y Juan María Ijurko, resultan gravemente
heridos por la explosión de una bomba situada bajo su coche. A él se le
amputan la pierna y la mano izquierdas. El día 15 de abril, en Madrid,
un joven de la CNT, Jorge Caballero, es acuchillado a la salida de un
cine. Muere dos semanas después. El 18 o 19 de abril, Felipe Sagarne es
asesinado en Hernani, de dos disparos en la cabeza realizados a
bocajarro. Reivindica el atentado el BVE. El 1 de mayo, tres personas
son brutalmente acuchilladas en Madrid, al término de la manifestación
convocada por las centrales sindicales. Uno de ellos, Arturo Pajuelo,
muere a las pocas horas. Seis días después, un grupo fascista asalta en
Madrid el bar San Bao, disparando contra quienes se encuentran en su
interior. Muere Juan Carlos García y son heridas varias personas más.
Los atentados del BVE se recrudecen en Euskadi durante el verano de ese
año. En agosto, es asesinado en Irún José María Etxebeste y en Ondárroa
es ametrallado y muerto Angel Etxaniz, militante de Herri Batasuna. En
septiembre, en la localidad de Hernani, son asesinados Luis María
Elizondo Arrieta y Miguel María Abelain Eche. En noviembre, se produce
un atentado contra dos personas de etnia gitana en Hernani, a raíz del
cual fallece Joaquín Antimasbede. Ese mismo mes son asesinados en
Caracas los dos miembros de un matrimonio vasco, exiliados en Venezuela,
Joaquín Alfonso Etxeberría y Esperanza Arana. También se produce un
atentado en Hendaya (Francia), en el que mueren Jean Pierre Haramendi y
José Kamio.
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18.3.19
Yolanda González era una vasca afincada en Madrid desde hacía una año,
cuando los fascistas se fijaron en ella. Parece que solía llevar
símbolos vascos, que era del PST de Tierno y que era una entregada a la
causa de la democracia. Fue suficiente para la caverna: secuestro, malos
tratos y tiro en la nuca, y aquí no pasa nada. |
17) Notas extractadas de
"La sombra de Franco en la Transición de Alfredo Grimaldos"
Asesinato de Yolanda
González Martín en Madrid. 1 de febrero de 1980
La noche del 1 de febrero de 1980 es
asesinada por un comando ultraderechista la estudiante Yolanda González
Martín, de 18 años. Esa misma tarde, David Martínez Loza, Emilio Hellín
Moro, Ignacio Abad y el policía nacional Juan Carlos Rodas Crespo se han
reunido en un piso del centro de Madrid. Martínez Loza, responsable de
la “Sección C”, la estructura militar de Fuerza Nueva, les ordena
secuestrar y matar a la joven Yolanda González, joven militante del
Partido Socialista de los Trabajadores (PST) que se ha destacado en la
lucha de los estudiantes universitarios y de enseñanza media contra la
Ley de Autonomía Universitaria (LAU), que está teniendo lugar durante
los últimos meses. Las movilizaciones estudiantiles han sido reprimidas
duramente por la policía y en el transcurso de una manifestación, el 13
de diciembre, han muerto José Luis Montañés y Emilio Martínez. Yolanda
ha nacido en 1961 en el barrio bilbaíno de Deusto y estudia Electrónica
en el Centro de Formación Profesional de Vallecas. Más tarde, Martínez
Loza confirma telefónicamente sus órdenes. La operación adquiere
prioridad sobre la prevista colocación de una bomba en los locales de
“Publicidad Cinco Cero”, agencia del grupo Z (Interviú es una de las
obsesiones de los ultraderechistas durante la Transición). Félix Pérez
Ajero y Ricardo Prieto Díaz –miembros de Fuerza Nueva-, el policía Rodas
y el guardia civil Juan José Hellín Moro, hermano de Emilio Hellín, se
quedan vigilando en los alrededores del portal 101 de la calle de
Tembleque –Aluche-, mientras éste y Abad secuestan a Yolanda. La llevan
hacia San Martín de Valdeiglesias y allí, en plena carretera, le
disparan dos tiros en la sien –Hellín- y uno en el brazo –Abad-. En la
más pura tradición de los “paseos” franquistas. El atentado lo
reivindica el Batallón Vasco Español, que también ha hecho lo propio con
el asesinato en Eibar de José Miguel Zubikaray, el mismo día 1 de
febrero. A Yolanda probablemente la asesinan pasadas las 24 h., ya el
día 2.
Tras la detención de
Hellín y Abad, se descubre que en los pisos francos alquilados a nombre
del primero y en los locales de su escuela de electrónica, un conjunto
abrumador de medios a su disposición: armas, cartuchos de goma-2,
material de grabación, transmisión y emisión, granadas de mano PO,
reglamentarias del Ejército español, material auxiliar de explosivos,
detonadores de mecha corta, cebos electrónicos, un bolígrafo pistola...
y lo más interesante: receptores emisores de la Guardia Civil y un
terminal de computador Escaner VHF, conectado directamente con el
computador central del “Grupo 8” de los Servicios de Información de la
Guardia Civil. Se descubre que ese minicomputador-terminal corresponde a
una partida de ingenios de la misma serie vendidos al Estado y
destinados al ministerio del Interior. Es desconectado, sin orden
judicial, por los inspectores encargados de la investigación y
desaparece para siempre, a pesar de todos las gestiones que se hacen
para conocer su paradero y poder recuperarlo.
Félix Pérez y Ricardo
Prieto, a pesar de pesar que sobre ellos una orden de búsqueda y
captura, continúan viviendo durante meses en sus domicilios. David
Martínez Loza es detenido pero obtiene la libertad del titular del
juzgado nº 1 de la Audiencia Nacional, el reconocido juez franquista
Ricardo Varón Cobos, que decide no procesarle. Este magistrado se opone
también al registro de la sede de Fuerza Nueva en la calle madrileña de
Mejía Lequerica. Posteriormente, las resistencias judicales continúan
obstruyendo la investigación. Los abogados de la acusación particular
dirigen fuertes críticas a la actuación, en las diligencias sumariales,
del fiscal de la Audiencia Nacional Miguel Ibáñez, que califica los
hechos como un delito de homicidio, no de asesinato. Señalan que el
fiscal no se ha tomado la molestia de escuchar siquiera las cintas
magnetofónicas intervenidas a los procesados, ni ha estado presente en
las declaraciones antes el juez de algunos testigos propuestos por la
acusación particular. Insisten en que, a través de la investigación del
asesinato de Yolanda, “se puede profundizar en las conexiones de
miembros de los aparatos de seguridad del Estado con organizaciones
ultraderechistas”.
Finalmente, Hellín es
condenado a 43 años de prisión y Abad a 28, como autores materiales de
la muerte de Yolanda. Además, Félix Pérez Ajero y José Ricardo Prieto
Díaz, subjefe y secretario de Fuerza Nueva en el distrito madrileño de
Arganzuela, son condenados a seis años, por allanamiento de morada y
detención ilegal. Y David Martínez Loza, jefe nacional de seguridad de
Fuerza Nueva -que es defendido por Antonio Muñoz Perea, yerno de Blas
Piñar-, a otros seis años, como autor del asesinato por inducción. “Aún
pienso en esos momentos que mi hija pasó hasta que la mataron, eso es
algo que no podrá olvidar”, afirma Lidia Martín, la madre de la joven
estudiante bilbaína. “Los momentos de Yolanda desde que entraron en su
casa, la tiraron al suelo, revolvieron todo, la amenazaron, la pegaron,
la hicieron bajar al coche con la pistola pegada a los riñones, la
llevaron al campo en plena noche oscura, mientras le pegaban y le
escupían en la cara...”
Emilio Hellín se escapa
de la prisión de Alcalá de Henares unos meses después de su detención,
pero pronto es capturado de nuevo. A pesar de este hecho, en 1987 se
beneficia, insólitamente, de un cambio de clasificación en su situación
penitenciaria, autorizado por el juez Jesús Vallés y, a continuación, el
juez de vigilancia penitenciaria de Zamora, José Donato Andrés, le
concede un permiso. Hellín lo aprovecha para fugarse nuevamente. Varios
años Después, es localizado en Paraguay por el redactor de Interviú José
Luis Morales, se consigue su extradición y vuelve a prisión. En la
actualidad, ya se encuentra definitivamente libre, como todos los demás
implicados en el asesinato de Yolanda.
Asesinato en
Vallecas. 10 de febrero de 1980
El 10 de febrero,
Vicente Cuervo Calvo, de 22 años, trabajador de Telefunken, es asesinado
por los asistentes a un mitin de Fuerza Nacional del Trabajo (sindicato
fantasma vinculado a la organización ultraderechista Fuerza Nueva), en
el barrio madrileño de Vallecas. Desde primeras horas de la mañana se
producen alteraciones del orden público en las inmediaciones del cine
París.
El acto ha sido
desautorizado por el Gobierno Civil, pero alrededor de 150 ultras
armados se reúnen y comienzan a cantar el “Cara al Sol” en una explanada
situada frente al cine. En este barrio obrero y claramente escorado a la
izquierda, el acto es considerado una provocación. Sólo unos días antes,
militantes de Fuerza Nueva han secuestrado y asesinado a Yolanda
González, que estudiaba en un instituto de Vallecas. La gente de la zona
comienza a abuchear a los fascistas. La policía carga contra los vecinos
y los ultras se dedican a perseguir y apalear a los contra manifestantes,
mientras éstos se dispersan. Suena un disparo y Vicente Cuervo cae al
suelo. Trasladado al equipo quirúrgico de Vallecas, el médico que le
atiende cree, en un principio, que la herida que presenta en el pecho le
ha sido producida por arma blanca. Sin embargo, al ser ingresado en la
Residencia Sanitaria Provincial, se comprueba que ha recibido un tiro.
Vicente es intervenido quirúrgicamente durante dos horas y se llegan a
utilizar ocho litros de sangre en las transfusiones, pero la gravedad de
su herida le provoca la muerte. La bala ha entrado por el hemitórax
derecho y afecta al hígado, la vena cava inferior y el pedículo del
riñón izquierdo, con trayectoria descendente y de delante hacia atrás.
Según testigos presenciales, le ha disparado un hombre de unos 50 años,
vestido con un abrigo azul y el pelo corto. Vicente cae herido de muerte
en un paso de cebra, en la puerta del bar Domes, frente al número 18 de
la calle de Carlos Martín Álvarez. Es un vecino, Rufino Aguirrebengoa,
quien le recoge y le lleva en su propio coche al hospital. “El criminal
disparó con perfecta posición de tiro –recuerda Rufino- y con total
sangre fría, sujetándose la muñeca derecha con el brazo izquierdo,
manteniendo el brazo de la pistola totalmente extendido. No hizo uno,
sino varios disparos. El chico fue alcanzado por uno de los primeros y
siguió corriendo. Cuando cayó al suelo, el de la pistola se acercó y le
volvió a disparar”. Son detenidos y posteriormente puestos en libertad
los ultraderechistas Félix del Yelmo e Ignacio Ortega, a quienes se les
interviene una pistola que ha sido disparada, un revólver simulado, dos
cuchillos y una cadena. A raíz de este nuevo asesinato se crea la
Asamblea Antifascista de Vallecas, que realiza diversos actos públicos
para pedir el esclarecimiento de los hechos. No se procesa a nadie.
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18.3. 20
No se sabe cómo, de repente llegó la heroína. Los barrios quedaron
arrasados. Ya era poco el paro y la inflación, que encima a la juventud
le cayó la droga como un mazo pilón. Muchas veces he oído lo de
que la droga fue introducida en los barrios de la margen izquierda del Nervión y de la periferia de las grandes ciudades por siniestros poderes
fácticos. No se sí tal cosa es verdad, pero sí se que a los políticos
recién llegados al poder, desde Suárez a González les importó un bledo,
mientras el dinero que esta macabra venta generaba, corrompía, togas,
uniformes, trajes azules y todo lo que tuviera precio. Dicen las fábulas
postmodernas, que a los políticos del felipismo no había manera de
corromperlos por los de siempre. Cavilaron entonces estos halagar su
vanidad, y funcionó, probaron luego con regalos de brillante oropel y de
poco valor, y que tenían fácil aceptación precisamente por eso, y funcionó.
Dieron un paso más y les enviaron regalos de oro macizo de gran valor, y
nadie se atrevió a devolverlos, pues ya habían cogido el oropel. Vieronse entonces los agraciados rodeados de espléndidos regalos, pero
sin cash, y cuando llegó el primer maletín lleno de money, lo cogieron
sin dudar. Y los de siempre se frotaron las manos, como diablejos
tentando al católico con pecaminosos placeres, y completamente sucumbido. Y los de
siempre se dijeron que estos no iban a ser distintos, ya lo sabían ellos
que llevaban desde Fernando el del Palatá corrompiendo voluntades. Y los
necios creyeron que esto de la Transición abría una ventana de aire
fresco al país. Y por la ventana no entró el fresco sino "los frescos".
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18) Notas extractadas de
"La sombra de Franco en la Transición de Alfredo Grimaldos"
Asesinato de Jorge
Caballero Sánchez en Madrid. 28 de marzo de 1980
El 28 de marzo, frente al cine Azul, en la
Gran Vía madrileña, un grupo de extrema derecha apalea y apuñala a Jorge
Caballero Sánchez, de 21 años, que muere quince días después. El joven
sale del cine con su novia cuando un grupo de ultras se abalanza sobre
él. Lleva una insignia con la A dentro de un círculo, el símbolo
anarquista. El presunto autor de la muerte es declarado en rebeldía y
los otros dos implicados son puestos en libertad provisional a los dos
meses, tras depositar sendas fianzas de sólo 25.000 pesetas, que son
abonadas por Fuerza Nueva. Según se deduce de los careos efectuados
durante la investigación, los participantes en el asesinato de Jorge
Caballero son diez miembros de Fuerza Joven. La policía sólo consigue
detener a nueve de ellos. El décimo y presunto autor del asesinato, José
Antonio Llobregat Ferré, se encuentra, desde el momento de iniciarse la
investigación, en paradero desconocido. En unas declaraciones efectuadas
a la revista Cambio 16, otro de los integrantes del comando criminal,
Juan Miguel Gómez González, alias “Masa”, sostiene que la fuga de
Llobregat, alias “el Loco”, ha sido organizada por Ricardo Alba, subjefe
nacional de Fuerza Nueva en esas fechas.
Instruye el sumario el
entonces titular del Juzgado número 2 de Instrucción, Luis Lerga, un
hombre considerado de talante liberal, que procesa sólo a cinco de los
implicados. Cuatro, inicialmente: los citados Llobregat Farre y Gómez
González, además de Fernando Saliquet de la Torre y José María Vargas
Villalba. Con posterioridad, también incluye a Felipe Queipo Zimmermann,
cuya presencia en el lugar del asesinato ha sido ocultada a lo largo de
las primeras declaraciones. También están implicados en el asesinato
Antonio Pagazartundía Irache, Pascual García Porras y los hermanos
Miguel Ángel y Javier Fernando Masía Linaza. Los problemas comienzan
cuando el expediente se traslada a la Sección Primera de la Audiencia
Provincial, que dilata enormemente la tramitación del caso y, al final,
levanta el procesamiento de Queipo y Saliquet, dos ultraderechistas
miembros de familias militares. Esta Sección, presidida en el año 80 por
Francisco Alberto Gutiérrez y de la que también forman parte Carlos Díaz
Aguado Fernández y Andrés Martínez, tiene fama de “ultra” entre los
letrados demócratas. Estos magistrados fijan la fianza para el ejercicio
de la acción pública en 3.400.000 pesetas, que deben ser depositadas en
el plazo de dos semanas. “Eso fue una muestra evidente del poco interés
que tenían para que la acción prosperase”, recuerda la letrada María
Ángeles López, que encabezó la acusación. “Pudo verse claramente por
contraposición con la cantidad que impuso el juez Auger en el caso de
los estudiantes muertos por la policía en Embajadores, que fue sólo de
mil pesetas”.
Con el levantamiento
del procesamiento a Queipo y Saliquet –este último nieto de un almirante
franquista- se cargan las responsabilidades del asesinato en el
individuo fugado y en los dos elementos con menos respaldo “familiar”
del grupo: “El Masa”, una especie de salvaje, entre lúmpen y nazi, que
se meterá más tarde en la delincuencia común, y Vargas Villalba, alias
“el Jerezano”, hijo de un jornalero andaluz, el débil del grupo, que
acaba denunciando al juez las presiones de las que es objeto para cargar
él solo con el muerto, por parte de sus compañeros de celda y sus
abogados, los hermanos Muñoz Perea. Uno de ellos, Antonio, yerno de Blas
Piñar defiende también a los asesinos de Yolanda González.
En 2001 conseguimos
localizar a Vargas Villalba en un pueblo de Galicia, donde sobrevive a
salto de mata, y nos relata su versión de los hechos: “Los policías nos
apoyaban, tenían gran simpatía hacia nosotros. Es evidente, porque
incluso cuando yo fui detenido, me comentaron que ya nos tenían más que
superlocalizados, pero que, claro, al haber sido la cosa tan grave no
habían tenido más remedio que actuar, porque los habían presionado. A
mí, la Guardia Civil, cuando estaba esposado en la Plaza de Castilla, al
enterarse de que yo era de ultraderecha, me han quitado las esposas e
incluso me han invitado a vino. Y lo que sí es cierto es que, más de una
vez, en nuestras correrías nos ha acompañado algún guardia civil joven.
Algunos de ellos venían bastante por la sede de Fuerza Nueva de Mejía
Lequerica”, añade. “Y el que estaba siempre allí era Lorenzo Sanz, que
luego ha sido presidente del Real Madrid”.
“El auto estaba
dirigido y redactado para responsabilizar única y exclusivamente a la
persona ausente, como era habitual en casos como este”, señala la
letrada Ángeles López. “En él no se hablaba de asesinato, sino de
homicidio, que es un grado inferior. Y de los careos se deduce que Jorge
fue objeto de un ataque colectivo con palos de karate, porras, machetes
de monte y otros medios naturales, cuando no esperaba ni sospechaba
agresión alguna”. El principal culpable del asesinato sigue sin
aparecer. En dos ocasiones, Interpol Austria se comunica con la policía
española desde Viena, pidiendo instrucciones porque ha localizado allí a
Llobregat. En ambos casos se deja correr el tiempo sin contestar ni
avisar a la acusación privada. Los dos únicos cómplices del asesinato
procesados son condenados a pagar una multa de 50.000 pesetas, “por
desórdenes públicos”. En el texto de la sentencia, dictada el 5 de junio
de 1987, el juez ponente, Carlos Entrena, antiguo miembro del Tribunal
de Orden Público franquista, ni siquiera menciona la condición de
ultraderechistras de los acusados. Olvida el hecho de que “El Masa” es
jefe de centuria de Fuerza Joven y que Llobregat había amenazado con su
machete a los transeúntes en varias ocasiones antes de asesinar a Jorge.
Otro crimen sin castigo.
Muerte
en
Hernani. 19 de abril de 1980
El 19 de abril, el BVE asesina en Hernani
a Felipe Sagarna Ormazábal.
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18.3.21
A
principios de los ochenta, gente de mucho talento, en absoluto afín a la
izquierda que peleaba en la Transición, pero compartiendo las ganas de
libertad y creación, destacaron pronto en los espectáculos y conciertos
madrileños de vanguardia artística. A este movimiento encabezado por
conocidos artistas, se le denominó posteriormente "la movida madrileña".
El rojerío fue espectador de este auge de las artes que se salía de los
viejos órdenes y que trajo renovación en todos los ámbitos de la
cultura. Personalmente pienso que el rojerío aunque
disfrutara de las innovaciones, no participó como tal en este
movimiento, que si básicamente salía por progresista, nunca incidió de
forma clara en el desarrollo de la política de izquierdas, ideologías
personales aparte. Los artistas y los gurús de este movimiento de
vanguardia, habían encontrado su camino y en él querían triunfar. Y
cuando lo hicieron, como ocurre siempre, volvieron a los ordenes
culturales mayoritarios. Almodovar es el paradigma del talento
trasgresor que catapultado a la fama por lo dicho termina como el mayor
talento cinematográfico español actual. En la imagen, Pedro Almodovar y Fabio de Miguel haciendo el
ganso concienzudamente mientras se lo pasan pipa.
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19) Notas extractadas de
"La sombra de Franco en la Transición de Alfredo Grimaldos"
Asesinato de Arturo
Pajuelo Rubio en Madrid. 1 de mayo de 1980
El 1 de mayo de 1980, en Madrid, es
asesinado por la extrema derecha Arturo Pajuelo Rubio, de 33 años. Tras
la manifestación obrera que se desarrolla por el Paseo del Prado, son
acuchilladas tres personas: Arturo, que fallece a consecuencia de las
graves heridas sufridas, Joaquín Martínez Mecha y Carlos Martínez
Bermejo. Estos dos consiguen salvarse. “Los agresores eran
profesionales”, afirman los médicos. “Atacaron por delante, a los
pulmones y el hígado. Con una bayoneta. Los que atacaron por detrás lo
hicieron a los riñones. Nunca habíamos visto algo igual”. Las agresiones
se producen durante la pacífica dispersión de los manifestantes, en la
zona del paseo de las Delicias. Los fascistas agreden a Arturo sin
gritos previos ni insultos. Uno o dos individuos le sujetan por la
espalda mientras otro le clava nueve veces un machete. Su amigo Joaquín
tiene más suerte, recibe cuatro puñaladas pero puede salir corriendo.
Mientras tanto, la policía del gobernador civil Juan José Rosón carga
brutalmente contra la manifestación de CNT, que se está desarrollado por
la calle de Bravo Murillo, pero en cambio no detiene a ningún fascista.
Arturo Pajuelo era un dirigente vecinal del barrio de Orcasitas, soltero
y empleado de Construcciones Aeronáuticas S.A. La situación en la que
deja a su familia es trágica: su padre ha muerto sólo hace seis meses y
se encontraba a cargo de tres hermanas bastante menores que él, una de
ellas disminuida psíquica. Como resultado de las agresiones, Martínez
Mecha, de 24 años, sufre heridas graves en el hemitórax derecho e
izquierdo que interesan el pulmón, junto con heridas en la región lumbar
que le provocan la rotura de un riñón. Se salva con graves secuelas para
toda la vida. Las heridas de Carlos Martínez no le afectan a órganos
vitales.
Un supuesto portavoz
del Batallón Vasco Español reivindica, a través de una llamada
telefónica al diario Egin, el asesinato de Arturo y las otras dos
agresiones y señaló que la acción ha sido llevada a cabo por el comando
“Javier Jaúregui”, como “primera respuesta a las continuas agresiones
sufridas por nuestros compañeros de Falange, por abogados rojos, en el
juicio del caso Atocha”.
Los inspectores de la
Brigada de Investigación Criminal de la Policía aporta muy escasas
informaciones. Cuentan con el retrato robot de un individuo
barbilampiño, con ojos ligeramente achinados, más bien delgado y de
estatura media, que, según testigos presenciales, iba acompañado de otro
más alto, sobre el que no se pueden precisar más detalles. Ambos
llevaban zamarras negras de cuero. El primero de ellos fue quien apuñaló
a Arturo.
El desinterés y la
total falta de eficacia de la Brigada de Investigación Criminal obliga a
los abogados de la acusación particular a presionar al Juzgado de
Instrucción número 2 de Madrid para que pase el caso a la policía
judicial. Tras muchos meses de dilaciones, se dicta auto de
procesamiento contra Daniel Fernández Landa y Roca, como presunto
asesino de Arturo Pajuelo. La instrucción del caso se cierra sin
procesar a más implicados. Fernández Landa, que también está implicado
en el asalto al bar San Bao, ya ha desaparecido de España. El asesino de
Arturo ha nacido en Las Palmas, el 2 de octubre de 1951, y es militante
de Falange Española de las JONS. Una vez más, nadie es condenado por el
nuevo crimen.
Asesinato de Juan
Carlos García en Madrid. 6 de mayo de 1980.
Pocos días después, el 6 de mayo, también
en Madrid, es asesinado Juan Carlos García Pérez, de 20 años, durante el
asalto de un grupo ultraderechista al bar San Bao. Los hechos se suceden
tras una jornada de lucha, convocada el día 3 de mayo en protesta por el
asesinato de Arturo Pajuelo. Al término de una concentración
antifascista que tiene lugar en la plaza de Quintana, varios
manifestantes realizan pintadas denunciando el crimen de Arturo Pajuelo
en la Cruz de los Caídos de Ciudad Lineal. En la parte posterior de este
monumento franquista, que acabará siendo demolido años más tarde, está
grabada en piedra una relación de “caídos” del bando nacional, muchos de
los cuales dieron nombre a calles de esa zona de Madrid: Hermanos García
Noblejas, Emilio Gastesi Fernández, Servando Batanero, Esteban
Collantes...
El día 6 se produce una
concentración fascista de desagravio junto a la Cruz y algunos de los
participantes limpian las pintadas, entre cánticos paramilitares y
amenazas a los viandantes. La policía mantiene una actitud amistosa con
ellos y no impide las agresiones. Al final del acto, un nutrido grupo de
ultras abandona el lugar, en formación militar, en fila de a dos,
encabezados por un hombre maduro que lleva un machete. Minutos después,
a plena luz del día, asaltan el bar San Bao, situado en el número 42 de
la calle de Arturo Soria. Fallece de un disparo Juan Carlos García
Pérez, de 20 años, que estaba cumpliendo el servicio militar en la
Escuela Superior del Ejército, donde trabaja su padre como impresor. Y
hay otro dos heridos más de bala, Ramón Carlos Bonal, de 19 años, que
recibe dos proyectiles en la pierna izquierda, y Vicente Seoane Martín,
de 20 años, a quien se le aloja una bala junto al bazo. Los casquillos
no aparecen, lo que hace suponer que los agresores disparan con
revólver. El Juzgado de Instrucción número 4 de Madrid procesa a Daniel
Fernández de Landa Roca (a un hermano suyo, Jesús Alfredo, le detiene la
policía el día siguiente al atentado, en El Escorial, con una pistola y
un revólver escondidos en una bolsa) e Iñigo Guinea Pérez. Cuando se
dicta la orden de busca y captura, ambos ya están fuera de España y
nunca llegan a ser detenidos. También participan en el asalto Jesús
Alcalá Neches, Jesús Manzano Martínez, Jesús Minteguiaga Ambrona, Juan
Domingo Martínez Lorenzo, Miguel Ángel Hurtado López, Francisco Javier
Barranco López de Saa, Lorenzo y Pedro Pablo Peña. Este último, a pesar
de estar en busca y captura, sigue viviendo en casa de su madre, viuda
del inspector Peña, del Cuerpo Superior de Policía, durante tres meses.
Denunciada esta situación por la prensa, finalmente es detenido, pero el
juez lo pone en libertad. Juan Domingo Martínez Lorenzo es condenado a
32 años de prisión, por asesinato; Jesús Alfredo Fernández de Landa
Roca, a 18 años de prisión, por asesinato, y Jesús Minteguiaga Ambrona y
Miguel Ángel Hurtado López, a cuatro años y dos meses de prisión menor,
por desórdenes públicos.
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18.3.22
¡Qué hubiera sido de nosotros sin la Clave del Sr. Balbín! La Clave tuvo
dificultades con todos los gobiernos, pero es una coña marinera que
fueran los socialistas los que le dieran la puntilla. De aquellas
soberbias nacieron las actuales debilidades, mío Cid. |

18.3. 23
En agosto de 1980,
con una masiva huelga de hambre, los jornaleros de Marinaleda saltaron a
los medios públicos protagonizando una de las primeras acciones que los
harían famosos por su irreductibilidad. Esta larga lucha dio sus frutos,
y hoy el pueblo es uno de los lugares con menos paro, con mejores
servicios sociales, con viviendas dignas financiadas por el propio
pueblo, etc, etc... Y mira que le buscaron pecados a su líder para
denigrarle, desde todos los ángulos, pero no había ángulos que buscar,
aquello era un espejo diáfano. Así que, incluso dentro del feroz
capitalismo, hay maneras de hacer las cosas que no empobrecen a las
gentes, que les dan una vida decente en busca de una poca de felicidad
en esta cruda vida. Que es de lo que se trata. Y parece que se puede...
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20) Notas extractadas de
"La sombra de Franco en la Transición de Alfredo Grimaldos"
Muerte en una
comisaría de Madrid. 6 de septiembre de 1980.
6 de septiembre. Fallece en Madrid, en las
dependencias de la Dirección General de Seguridad, José España Vivas, de
25 años. Sufre un infarto mientras está siendo interrogado por agentes
de la Brigada Central de Información. El informe correspondiente del
Instituto Anatómico Forense señala que España Vivas tenía un quiste
hidatídico y que esta circunstancia puede haber sido determinante en su
muerte. Sin embargo, el cadáver presenta los pies hinchados, quemaduras
de cigarrillos en distintas partes del cuerpo y otros signos evidentes
de haber sido sometido a una sesión de tortura. El fallecido ha sido
detenido bajo la acusación de pertenecer a los GRAPO, pero se comprueba
que esto no es cierto y que se ha producido un grave error policial.
España Vivas, natural de Alcalá de Henares, era un activo militante del
movimiento ciudadano y miembro de la Asociación de Vecinos del Barrio de
Venecia de esta localidad madrileña. No se realiza ninguna investigación
sobre su muerte.
Asesinatos en
Hernani. 7 de septiembre y 14 de noviembre de 1980.
7 de septiembre. Otro comando parapolicial,
que reivindica el atentado con las siglas BVE, asesina en Hernani a
Miguel Arbelaiz Etxebarría y Luis Miguel Elizondo Arrieta.
14 de noviembre. De
nuevo en Hernani, el BVE asesina a Joaquín Antimasverás Escoz y deja
herido de gravedad a Andrés Echevarría Echevarría.
Muerte en Caracas.
14 de noviembre de 1980
Ese mismo día, en
Caracas (Venezuela), los ultras al servicio de la policía española Jean
Pierre Cherid y Mario Ricci asesinan al ingeniero vasco Joaquín Alfonso
Echevarría y a su esposa Esperanza Arana.
Muertos y heridos en Hendaya. 23 de noviembre de
1980
23 de noviembre. Un
comando ultraderechista integrado por los colaboradores de la policía
española Jean Pierre Cherid y los hermanos Perret ametralla el bar
Hendayais (Hendaya, Francia) con el resultado de dos muertos y diez
heridos. Mueren Jean Pierre Haramendi, de 68 años y José Kamio, nacido
en la localidad guipuzcoana de Urbieta, de 52 años, que ya tiene la
nacionalidad francesa. La cadencia y precisión de los disparos prueba
que los autores del atentado son profesionales. Los asesinos se dirigen
después hacia el sur y cruzan violentamente la frontera francoespañola,
por el puente de Santiago, en Irún, sin detenerse en el control francés,
y se entregan a los funcionarios de la policía española, tras haber
derribado la valla de control. Después son trasladados a la comisaría de
Irún y puestos en libertad por orden del comisario general de
Información Manuel Ballesteros. Afirma que los tres individuos trabajan
para él como confidentes.
Asesinatos en Mataró.
30 de noviembre de 1980
30 de noviembre. En
Barcelona, el jefe comarcal de Fuerza Nueva en el Maresme, Salvador
Durán, es inculpado del doble asesinato de Juan Acaso y José Muñoz, a
quienes confundió, según sus propias declaraciones, con miembros del
Ateneo Libertario de Mataró. Las muertes se produjeron durante una
operación de “escarmiento” que, según las declaraciones de Durán, le fue
encargada por mandos policiales y de la Guardia Civil. Las armas del
crimen le fueron facilitadas por guardias civiles.
Asesinato. 30 de
diciembre
30 de diciembre. Un
ultra mata a tiros a Francisco José Rodríguez López, de 21 años, que
está prestando el servicio militar, y hiere a otros seis jóvenes cuando
se dirigían a sus domicilios.
Otras muertes.
A esta relación de
asesinatos habría que añadir los nombres de numerosos muertos en
controles de carretera, sobre todo en el País Vasco, víctimas de
policías y guardias civiles de gatillo rápido, acostumbrados a aplicar
la ley de fugas a cualquier conductor despistado o asustado. Ciudadanos
como Kepa Tolosa Goicoetxea, Felipe Suárez Delgado, Antonio Rubio Lara,
Carlos Hernández Expósito y otros más, si ninguna militancia política,
pierden la vida de ese modo. Como señala el abogado Juan Manuel Olarieta
en su estudio “Transición y represión política” (*): “La mayor parte de
la muertes provocadas en este periodo por la policía quedaron impunes.
La comparación con la última época de Franco deja constancia de que el
número de víctimas es mucho mayor en la nueva etapa, poniendo al
descubierto la falacia de una “transición pacífica” que ha tenido tal
coste sangriento”. Resulta absolutamente legítimo e imprescindible
exigir la revisión de todos estos casos.
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18.3.24
En febrero de 1981, al rey de España lo recibieron regular los radicales
vascos. El rey andaba por entonces buscando sustituto para Suárez de
forma poco limpia según cuenta la literatura histórica al caso, y parece
que le acompañaban políticos de todo pelaje, y que esas malas artes
estaban animando a algún personajillo que se creía Primo de Rivera
jugando al golpe palaciego con pinochetitos y videlitas nacionales.
Aprendices de brujos todos ellos que buen susto dieron a la buena gente
de este país. Y como dijo Amadeo I antes de pirárselas de España (ahora
que tenemos aniversario del asesinato de Prim), como dijo: todos los
malvados son españoles, no busquen fuera. En cuanto a la del rey en la
imagen, pues gajes del oficio...
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18.3.25
Una triste estampa
del final del 23F. Guardias participantes en el asalto saltan por la
ventana, mientras compañeros de fuera les ayudan en la huida.
Los recalcitrantes
llevaban desde el 75 suspirando por un golpe y desde el año siguiente
preparándolo. En realidad eran un grupito de militares y Guardias
Civiles franquistas irredentos que se conocían entre ellos y se reunían
de vez en cuando sin muchas posibilidades (había también un grupo de
coroneles mucho más peligrosos, pero aún en ciernes). El disolvente donde
nadaban lo ponían los servicios secretos y la CIA que movían estos
grupos e intereses según sus necesidades. En Washington y el Berlín,
todos dormían tranquilos, desde que los hombres de negro se habían
entrevistado con Carrillo y con González. Además, la UMD estaba en
prisión y no había ningún problema ni posibilidad de terminar como en
Portugal. Pero, existían un par de problemas más que inquietaban a mucha
gente del antiguo y del nuevo régimen. El primero, qué iba a pasar con
los muertos, sí sí, los muertos del pasado (y también los bienes e
inmuebles del pasado, ¡y las sentencias judiciales del franquismo!), los muertos que jalonaban toda España de fosas
comunes. Era un asunto muy molesto y muy peligroso, para un régimen que
sufría una transformación en las apariencias pero que indudablemente, si
quería credibilidad, tenía que conceder libertades, y una vez que la
gente puede hablar y reclamar justicia para el pasado, cualquier cosa
puede pasar.
De modo que se trataba de cambiar un algo para no cambiar
nada, como decía Lampedusa en el Gatopardo. En los apartados secretos de
los pactos firmados entre la oposición y el régimen en transformación,
esto ya había quedado claro, ninguna vuelta atrás ni para sacar muertos.
Pero los movimientos de izquierda y las organizaciones populares hacían
mucho ruido y ya había iniciativas en este sentido.
El segundo punto de
preocupación era el terrorismo de ETA, de las tres o cuatro ETAs que
entonces había, los poli-milis, los milis, los Comandos Anticapitalistas
y alguna más que no recuerdo, además del GRAPO, grupo a todas luces
infiltrado por los servicios secretos, españoles, la Gladio, y los Moa
de turno. Todo el aparato contraterrorista provenía del franquismo y
tenía un espantoso cero en derechos humanos, si no era un menos diez. Ya la
extrema derecha con sus asesinatos y su terrorismo diario representaba
un freno a las aspiraciones populares. Como sus antepasados del 18 de
julio empleaban el terror puro y duro para amedrentar a los ciudadanos y
desmovilizar a las vanguardias. Pero eso era muy difícil, el país estaba
en efervescencia y cada vez más amplias capas de la población se sumaban a
las movilizaciones. Si había un muerto en una, al día siguiente la
ciudadanía salía en masa, pese al riesgo de que hubiera otros, como
varias veces sucedió. Y para terminar, los conflictos laborales estaban
alcanzado cotas impensables años atrás, y lo que era peor para la
incipiente monarquía, ganando muchos de sus objetivos sindicales y laborales.
El
gobierno Suárez era débil, triturado por una oposición implacable y
ninguneado por sus correligionarios y despreciado por la extrema
derecha civil y militar. El propio monarca no estaba dando a su gobierno el apoyo
necesario y hay quien dice que metía palos en sus ruedas, pues para el
monarca el papel de Suárez ya estaba acabado. Pero resulta que en ese
tiempo, Suárez había sido elegido presidente por el Parlamento electo y
como, constitucionalmente, el Rey no podía ya quitar y poner presidentes
de gobierno, se iniciaron maniobras para hacerlo por vías indirectas. Y
este parece ser el meollo del 23F, las maniobras reales, apoyadas por
muchos grupos de poder incluidos ambiciosos líderes de partidos
democráticos, que fueron encargadas a un militar del entorno más intimo
del Rey y que éste militar aprovechó, para hacerlo a su manera,
montándose en la ola de uno de los varios golpes de Estado que se
estaban gestando por militares de extrema derecha, largar a Suárez y
reconducir la situación política al estilo de Primo Rivera, para así,
cumplir con el Rey y evitar ciertas derivas que inquietaban al monarca,
a Europa, a la CIA, al Ejército y las Fuerzas de Seguridad, y también,
aupado por el Ejército, suponía, formar un gobierno por él presidido.
Conjugar esto: aprovechar un golpe militar en marcha para dar un golpe
palaciego, que debía ser quien finalmente triunfara y desactivara los
golpes de verdad, era muy difícil y
tenía un peaje muy caro, como decimos, el militar, artífice del golpe
sería presidente del gobierno y en este gobierno habría, ¡hasta
comunistas! según los planes del Elefante blanco, o sea, él.
Lo malo era que los
verdaderos golpistas no podían saberlo hasta el último momento, pues sus
intenciones eran como las de Pinochet, un bañito de sangre por aquí, y otro por allá según la receta
del mulo de Mola que tan bien se aplicó con Franco. Y como lo demostró
la revista Interviú con las listas de sangre que se publicaron
posteriormente, una por provincia, para fusilar a miles de españoles en
unos pocos días y aterrorizar al resto, según la política de terror
diseñada por el citado Mola. De manera que nuestro general, el Elefante
Blanco, les engañó, les dijo que él era el hombre del Rey, lo que era
cierto, y que mano dura habría, sobre todo en el país vasco, pero sin
pasarse, que Europa nos miraba, y que habría puestos de peces gordos
para todos. Luego llamó a otros conocidos de partidos de la oposición, y
entre ambigüedades y medias verdades, parece que algo sacó. Y ¡ala!
a soltar los perros de presa y poner el país al borde abismo. Una
parvada de irresponsables entre los que se encontraban gentes que ni
sospechábamos. Dicen que el Rey no le había encargado al Elefante blanco
golpe militar de ningún tipo, sino que maniobrara hacia un gobierno de
Unidad Nacional aunque fuera inconstitucionalmente. Otros dicen que el
Rey es sin embargo la causa primera del 23F. El caso es que viendo que Milans y Tejero eran unos cafres, que habían sacado en Valencia el mismo
bando de guerra de Franco el 18 de julio, y que la cosa se podía
descontrolar, oyó los consejos de su señora (aún se hablaban) que
tenía un hermano que sabía del tema, se puso el uniforme y mandó ponerse
firmes a todos. Le costó lo suyo, pues algunos estaban borrachos y no
oían bien. Dicen también que tras la grabación el monarca sufrió una
gran melancolía al comprender lo que había desatado.
Los ciudadanos piensan que
el Rey salvó la democracia, es posible, pero si técnicamente el golpe
falló, políticamente triunfó, pues la monarquía amarró bien el rumbo,
liquidó las aventuras inciertas y todo el mundo tomó nota, especialmente
Felipe, que era la gran esperanza blanca del monarca. Y lo que era una
muy fea maniobra anticonstitucional se convirtió en un cambio de rumbo
político de la mano de los menos sospechosos, y el Rey además, se
convirtió en el salvador de la patria. Los hechos posteriores, sobre
todo el juicio a los golpistas reveló que tanta benevolencia con
sediciosos y traidores tenían segundas lecturas. Así es la historia,
señores...
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21)
Notas extractadas:
Domingo, 29 de Mayo de 2005, Crónica,
suplemento de El Mundo, número 502
ANTONIO RUBIO.
Caso Almería. 7-10
mayo de 1981.
«...al principio le dieron una gran paliza, especialmente por el guardia
C..., perdiendo el conocimiento. Entonces lo mataron con un tiro de
pistola cada uno que recivieron (sic) por separado. Posteriormente los
embolvieron (sic) en mantas viegas (sic), penetrándolos en el Ford
Fiesta...ordenando Castillo Quero, que fueran volcados en el sitio que
no les viera nadie y se les pegara fuego para que no conocieran los mal
tratos... Antes de pegar fuego con la metralleta de los compañeros el
Guardia C. gastó dos cargadores de 30 cartuchos cada uno sobre los
cadáveres en combinación con el depósito de la gasolina del Ford. Sin
nada más se despide un gran amigo de Vds que en la actualidad es Guardia
Civil pero no asesino. No me identifico porque sería una cosa no
oportuna para mí»
CARTA ANÓNIMA ENVIADA
POR UN GUARDIA CIVIL EN 1984 A LA FAMILIA DE JUAN MAÑAS, UNO DE LOS
ASESINADOS EN ALMERÍA EL 10 DE MAYO DE 1981
De noche, sin luz, tres
cadáveres ensangrentados y un conciliábulo de sicarios y verdugos
pensando cómo quitarse de en medio aquella papeleta... Tuvieron que
despedazar a aquellas criaturas para poder meterlos en el coche, después
lo despeñaron, le metieron fuego y se pusieron a pegar tiros». Esta es
la narración, cruda y dura, que realizó el abogado y teniente coronel de
la Guardia Civil Victoriano Guillén sobre los sucesos que ocurrieron en
Almería el 10 de mayo de 1981. Para la historia quedó como el caso
Almería. Las víctimas fueron tres jóvenes inocentes, torturados y
asesinados por un grupo de guardias civiles que los confundió con un
comando de ETA.
El único delito que
cometieron Juan Mañas, Luis Montero y Luis Manuel Cobo fue atravesar
toda España, desde Santander a Pechina (Almería), en un vehículo para
asistir a la comunión del hermano del primero, Francisco Javier. Son
tres víctimas del terrorismo de Estado que el PSOE utilizó como bandera
en 1981 para atacar al gobierno de UCD y que después, con la mayoría de
1982, olvidó y nunca más reivindicó.
El caso Almería comenzó
el 7 de mayo, en Madrid. ETA había atentado en la capital de España
contra el general Valenzuela, jefe del Cuarto Militar del Rey. La
tensión que se vivía por aquellas fechas era extrema, dos meses antes se
había producido el intento de golpe de Estado del 23-F, y el Ministerio
del Interior intentaba capturar a los asesinos a cualquier precio.
Mañas, Montero y Cobo
tuvieron problemas con su vehículo y se vieron obligados a parar en la
ciudad de Puertollano, donde alquilaron un Ford Fiesta. Un vecino del
pueblo, tras ver las fotos de los terroristas de ETA por televisión,
confundió a los tres jóvenes con los miembros de la banda.
Automáticamente, la
Guardia Civil, con el chivatazo del diligente ciudadano y el número de
la matrícula del Ford Fiesta, montó la caza y captura del presunto
comando etarra. Al frente del grupo perseguidor se situó el teniente
coronel Castillo Quero.
Mañas, Montero y Cobo
fueron detenidos a punta de pistola y sin oponer resistencia en una
tienda de Roquetas de Mar (Almería), mientras hacían unas compras para
la comunión de Francisco Javier, el hermano de Mañas. Al día siguiente,
los cadáveres de los tres jóvenes aparecieron dentro del Ford Fiesta,
calcinados y agujereados por múltiples balas.
Castillo Quero y sus
hombres torturaron a los tres inocentes una y mil veces durante toda
aquella noche en un antiguo cuartel de la Guardia Civil, abandonado, que
estaba situado en la localidad almeriense de Casafuerte. El teniente
coronel Victoriano Guillén, que se había significado por su repulsa
contra el 23-F, se encontraba apartado y realizando operaciones
burocráticas en la Comandancia de Almería. Luego pudo reconstruir todo
lo ocurrido: «La dirección General de la Guardia Civil mandó un radio
(nombre que se daba en la Guardia Civil a los fax o télex) diciendo que
eran etarras y que habían atentado contra el general Valenzuela.
Castillo Quero, que era un enfermo mental, un imbécil poseído y que,
además, presumía de su amistad con el Rey, vio allí la ocasión de hacer
un servicio y hacer méritos, colgarse medallas».
Guillén, que murió hace
dos años, hizo sus primeras y únicas declaraciones ante las cámaras de
Crónica de una generación y recordó que la Comandancia de Almería se
encontraba en pleno centro de la ciudad y que en ella vivían los
familiares de los guardias civiles, por lo que Castillo Quero y los
miembros del servicio de información decidieron llevarse a los detenidos
fuera de la ciudad para poder torturarlos sin problemas: «En
Casafuerte ocurrió la tragedia, porque fue tal la tortura, la paliza, la
cafrada, que se les quedaron en las manos. Cuando se dieron cuenta los
habían matado».
Tras el error, Castillo
Quero intentó borrar todas las pruebas de la masacre. Guillen, que
cuando realizó estas declaraciones en el año 2002 ya estaba jubilado y
tenía que soportar un par de diálisis semanales, se encendía y se
cabreaba cuando recordaba aquellos momentos: «Tuvieron que despedazar
a aquellas criaturas para meterlos dentro del coche. Después se llevaron
el coche, los despeñaron, le metieron fuego y se pusieron a pegar
tiros».
Pero el documento más
importante y esclarecedor de lo que ocurrió en el caso Almería le llegó
a la familia Mañas, en forma de carta anónima, tres años después del
asesinato de su hijo y de que el Tribunal Supremo confirmara la
sentencia de 24 años de cárcel contra el teniente coronel Castillo
Quero, 15 para el teniente Gómez Torres y 12 para el guardia Fernández
Llamas.
En esa carta anónima,
escrita por un guardia civil de la Comandancia de Almería y que ha
conseguido EL MUNDO y el programa televisivo Crónica de una generación,
se detalla de forma pormenorizada la cantidad de barbaridades que
cometieron contra los tres jóvenes inocentes y el total de miembros de
la Guardia Civil, con nombre y apellidos, que participaron en el
aquelarre: «Mi querida familia, ante el respeto
que merecen me dirijo a Vds para contarles el hecho siguiente respeto a
las extrañas circunstancias de la desgracia de buestro (sic) hijo y
compañeros que fallecieron en manos de los asesinos de la Comandancia de
esta localidad».
El anónimo comunicante,
que descubre que «en la actualidad (1984) es
Guardia Civil, pero no asesino» relata a la familia Mañas las
circunstancias en las que murió su hijo y sus compañeros: «Los
trasladaron en los mismos vehículos al cuartel de Casafuerte, donde
fueron sometidos a interrogatorio, acto seguido ordenó Castillo Quero
que tenían que ser sometidos a garrote y pidió voluntarios».
Y entre los
voluntarios, según el anónimo, salieron: «J.M .,
pertenece al Servicio de Información Después, el sargento C. Otro, el
guardia P Otro, el guardia F., también destinado en el Servicio de
Información. Estos fueron los tres asesinos de buestro (sic) hijo...».
Ninguno de esos guardias fue juzgado y condenado por la Audiencia de
Almería como autores materiales del asesinato de Mañas y sus amigos.
Después de las torturas
llegaron las muertes: «Al principio le dieron una
gran paliza, especialmente por el guardia C.., perdiendo el
conocimiento. Entonces lo mataron con un tiro de pistola cada uno que
recivieron (sic) por separado. Posteriormente, los embolvieron (sic) en
mantas viegas (sic), penetrándolos en el Ford Fiesta, en el asiento
trasero, ordenando Castillo Quero que fueran volcados en el sitio que no
les viera nadie y que se les pegara fuego para que no conocieran los mal
tratos».
El anónimo Guardia
Civil llega incluso a relatar en su carta que los asesinos, de los que
da nombre y apellidos, utilizaron el dinero que llevaban las víctimas
para comprar la gasolina con la que prendieron fuego al Ford Fiesta con
los tres cadáveres dentro: «Antes de pegar fuego
con la metralleta de los compañeros el guardia C. gastó dos cargadores
de 30 cartuchos cada uno sobre los cadáveres en combinación con el
depósito de la gasolina del Ford, acto seguido con el mechero que pegó
fuego a la gasolina que se derramaba del depósito, añadiendo la que
tenía en la lata aparte».
La familia Mañas ha
solicitado en varias ocasiones que su hijo y sus dos compañeros sean
reconocidos como víctimas del terrorismo, pero siempre han recibido la
callada por respuesta por parte de todos los organismos a los que se han
dirigido desde hace más de 20 años. Tampoco han recibido el apoyo ni la
comprensión de la Asociación Víctimas del Terrorismo.
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18.3.26
Los terroristas irredentos
que nos amargaron la vida durante decenios tuvieron una
oportunidad con González de abandonar las armas, creo que en un sitio
llamado Árgel. Pero no lo hicieron. Al poco recomenzaron su macabra
tarea con más ahínco. Los hombres de Felipe, novatos en estas lides, se
encontraron en la encrucijada de reformar las FOP y perder los expertos
en lucha antiterrorista que tenían un pasado negrísimo en derechos
humanos, o continuar con lo que había y digerir aquel entramado
antiterrorista compuesto de Policías, Guardias civiles y escuadrones de
la muerte parapoliciales. Con la tierna esperanza de convertirlos a la
democracia a base de ejercicios espirituales y medallas al mérito
policial, optaron por esta última vía. Las nuevas autoridades civiles del Ministerio
del Interior demostraron pronto lo bien que aprendían en esto de
triturar derechos humanos y le dieron a ETA más de lo mismo de lo que le
había dado Franco, Arias y Suárez. Torturas, ley de fugas y escuadrones
de la muerte. Cambiaron los nombres, ATE, BVE, AAA, etc... por GAL. Que
hasta la presente sólo había sido un jabón. González tiró por el peor
camino, paso de ser defensor de la población que había sido victima de
violencia policial y parapolicial durante La Transición, a poner en
nómina a la extrema derecha nacional y extranjera. Hubiera sido mucho
mejor desprenderse de todo el pasado franquista en las Fuerzas de Orden
público y aplicar la justicia a los escuadrones de la muerte. Era el
momento de hacerlo, se lo debían al maltratado pueblo español y contaban
con el apoyo de Europa, y hasta puede que de los USA. Podían haber hecho
una limpieza de arriba abajo, sin prisas pero sin pausas. Quizá al
principio, ETA se hubiera crecido, pero con el tiempo hubiera sido
inexorablemente derrotada policial y políticamente empleando las armas
del derecho. Todo lo contrario de lo que ha sucedido, donde ETA ha sido
derrotada policialmente, sí, pero políticamente, tiene bemoles la cosa,
ha triunfado. Y no sólo ha triunfado sino que la lucha antiterrorista
ha sido la mejor arma política que se le podía dar a la derecha en las
inexpertas manos de Zapatero que nos gobernó ha poco
haciéndonos creer que haríamos las paces con el mundo de ETA y que
además nos llevaba a una democracia plena de derechos civiles, cuando en
realidad nos llevaba al desastre político actual: conseguir que los
votantes de izquierda se abstuviesen, para que ganando la derecha entrase a saco
($$$) en lo poco que tenemos los españoles, la Seguridad Social. Qué crudo ha sido ser español
de izquierdas desde que murió Franco. Se lo juro. Una detrás de otra.
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18.3.27
Los antidisturbios impiden
el paso del entierro de Santiago Brouard, médico del entorno radical y
nacionalista, asesinado por el GAL. La poli le negó el paso al cortejo fúnebre. Era
Bilbao, era 1984, gobernaba Felipe y en el Pais Vasco mandaba el citado
GAL. Y si antes aterrorizaba ETA, ahora aterrorizaba ETA y el GAL.
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18.3.28
Una vez que Felipe cumplió
lo prometido a sus valedores, nada de aventuras, OTAN, "de entrada para dentro", llegó la promesa
alemana del
Mercado Común, que iba a ser la leche, un chollo, pero quedaban unas
cositas, nada importante, pues eso, desmantelar la construcción naval, la minería del
carbón, los altos hornos, etc... Es por vuestro bien, bobines... En
Gijón y otras muchas partes de España no le hizo ninguna gracia y la
lucha fue muy dura. Los sindicatos mayoritarios dejaron de tener
relevancia. En la imagen trabajadores
de la Naval de Gijón expresan con claridad su opinión sobre la
reconversión ordenada por Europa. A Zapatero le obligaron a frenar en
seco el desarrollo de las industrias de las energías renovables, de las
que éramos los terceros del mundo y los segundos en Europa, después de
Alemania. Otra que te meto Aniceto...
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Y PARA QUE NO QUEDEN DUDAS SOBRE FELIPE: EL INFORME PETRAS. |
A PROPÓSITO DEL PRESIDENTE SUÁREZ |